West-Eastern Divan Orchestra: sonidos de alto vuelo.

Imagen de West-Eastern Divan Orchestra: sonidos de alto vuelo.

 

El miércoles 31 de julio, como parte del ciclo de conciertos del Festival Barenboim, la WEDO hizo su primera presentación en el Auditorio Nacional del CCK.

 

Por Sabrina Abalo.
 

Programa:
Obertura Egmont, op. 84 Ludwig van Beethoven.
Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 61 L. van Beethoven.
1 – Allegro, ma non tropo
2 – Larghetto
3 – Rondó – Allegro

Michael Barenboim – violín

Sinfonía en la mayor N* 7, op. 92 L. van Beethoven
1 – Poco sostenuto – Vivace
2 – Allegretto
3 – Presto
4 – Allegro con brio

 

La orquesta abrió el concierto con una magnífica interpretación de la obertura Egmont. Un mezcla “ordenada” de sonoridades y matices muy definidos, hicieron de esta obra un gran placer auditivo.

Luego escuchamos el complejo y único concierto para violín que Beethoven escribió y que dedicó a Franz Clement, un destacado violinista de ese momento. A la entrada del instrumento solista le antecede una larga exposición donde se pudo escuchar el primer tema con un sonido claro y preciso en manos del oboe. Las cuerdas que tocan casi sin descanso momentos muy vertiginosos sonaron siempre como si fueran una sola. 

Michael Barenboim (violín) tocó bien plantado, con un sonido limpio en la mayoría de los pasajes más complejos de la obra, las cadencias, de su autoría, fueron realmente convincentes, delicadeza en los prolongados trinos y la última cadencia, bastante extensa, llegó a alcanzar un plano de gran lirismo. La familia de las cuerdas, insisto, fueron las figuras principales que cerraron una interpretación estupenda del concierto.

La 7ma es una de las Sinfonías que más gustan al público en general, muy familiar al oído, sobre todo su 2do movimiento tan amigable al “tarareo”. La gente sabe lo que va a sonar y lo que va a venir, sin embargo esta versión marcó un gran despliegue de toques, matices realmente muy contrastantes, una acertada ejecución de cada uno de los solistas, grandes momentos donde la masa orquestal sonó grandilocuente. Fue doble el placer: auditivo y visual. 

En el último movimiento, Barenboim dirige casi sin gestos, solo marcando alguna que otra entrada lo que demuestra una preparación exhaustiva, profunda y eficiente que involucra a toda la agrupación y a su brillante director argentino. Ovación de pie por parte de todo el público.

 

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