Victoria Ocampo y la música

Victoria Ocampo y la música

Victoria Ocampo como agente de la cultura no se ciñó a ser solo una “cronista” exquisita de su época, sino que también tuvo un papel determinante como gestora e incluso como intérprete en el campo de la música.

 

Por Virginia Chacon Dorr

Victoria Ocampo es una figura clave dentro de la cultura argentina, y por extensión latinoamericana. Su injerencia es irreductible a un campo específico, ya que se movió con total libertad en la literatura, la música, la arquitectura, etc. Como agente de la cultura no se ciñó a ser solo una “cronista” exquisita de su época, sino que también tuvo un papel determinante como gestora e incluso como intérprete en el campo de la música. Todo esto bajo el atento -e insistente- señalamiento de la época a su “condición” de mujer, que no la detuvo en sus hazañas pioneras (ya cristalizadas en anécdotas históricas).

Por supuesto que este trabajo no lo realizó en soledad, sino que siempre se apoyó en sus admiradas amistades, entre las que se contaban (por ejemplo) Virginia Woolf o José Ortega y Gasset. En particular, en el campo de la música, es importante mencionar su amistad con el director de orquesta Ernest Ansermet, el compositor, director e intérprete argentino Juan José Castro (y sus hermanos); y el gran compositor del siglo XX Igor Stravinsky.

En particular, en el campo de la música, es importante mencionar su amistad con el director de orquesta Ernest Ansermet, el compositor, director e intérprete argentino Juan José Castro (y sus hermanos); y el gran compositor del siglo XX Igor Stravinsky.

Su trabajo se centró en fomentar, desde la multiplicidad de sus ocupaciones, la modernidad en la Argentina y a su vez abrir al mundo las producciones intelectuales nacionales. Claro que ella no era la excepción en su contexto, había otras mujeres en el plano internacional que llevaban las riendas de proyectos modernizadores.

Pero lo que sí es importante destacar es que Victoria lo hacía desde una visión superadora, no para quedarse con el arte puertas adentro de su casa, sino para extenderlo y hacerlo cimentar en la cultura. Se la ha acusado (a parte de ser mujer) de ser “snob” y extranjerizante. La realidad es que ella sentía el mundo como su casa, se consideraba “anexionista”, y comprendía que su posición socio-económica privilegiada le facilitaba llevar adelante ciertas actividades vedadas a otras mujeres. Su consciencia y experiencia la llevó a dirigir la Unión de Mujeres Argentinas, organización que defendía los derechos conquistados hasta el momento por las mujeres, y propiciaba la búsqueda de la igualdad de género.

Victoria Ocampo con Igor Stravisnky y su hijo Soulima, en la Villa Ocampo, 1936.
Victoria Ocampo con Igor Stravisnky y su hijo Soulima, en la Villa Ocampo, 1936.

Un ejemplo claro de su visión sobre la cultura fueron la revista y la editorial “Sur”, que funcionaron a la vez como vidriera de los artistas argentinos y como puerta de entrada de movimientos estéticos, y sus protagonistas, a Latinoamérica. A nivel nacional, su concepción de lo que debía ser la vida cultural sana en un país se hace palpable cuando, por ejemplo, fue declarada socia protectora de la Asociación del Profesorado Orquestal (APO), organización pionera en las orquestas argentinas.

La música siempre estuvo presente en la vida de Victoria. En sus memorias cuenta cómo reconocía en sus tías el gusto propio por las obras de Chopin. Sus viajes por el mundo la llevaron a ser una testigo privilegiada de hechos históricos dentro de la música, como el estreno de La consagración de la primavera de Igor Stravinsky, en 1913 en el Théâtre des Champs-Élysées. Esta obra fue para ella (y para el mundo) un quiebre en su concepción de las artes escénicas.

Sus viajes por el mundo la llevaron a ser una testigo privilegiada de hechos históricos dentro de la música, como el estreno de La consagración de la primavera de Igor Stravinsky, en 1913 en el Théâtre des Champs-Élysées.

Su interés por los Ballets Rusos y su director Serguéi Diáguilev (protagonistas de La consagración…) la llevó a apoyar la visita de esta compañía de danzas a Argentina en 1917. Junto a la compañía vino el director Ernest Ansermet, con quien entablará una relación de amistad y apoyo mutuo que los acompañará en su vida.

Victoria Ocampo intervino en la vida de muchas instituciones culturales de la década del 20’, como organizadora, gestora, intérprete, disertadora. Una de ellas fue la Asociación Amigos del Arte, que funcionó entre 1924 y 1942 y organizó cientos de exposiciones, conciertos y conferencias.

Pero, sin duda, una de las intervenciones más importantes en la vida musical como gestora fue su paso por la comisión directiva del Teatro Colón en 1933, que, por distintos motivos (principalmente ideológicos y económicos) fue fugaz y no le permitió completar uno de sus anhelos más deseados: traer a Stravinsky a Argentina.

 Victoria Ocampo como Perséfone, en el programa de mano de la temporada del Teatro Colón -1936-
Victoria Ocampo como Perséfone, en el programa de mano de la temporada del Teatro Colón -1936-.


Esto recién ocurrió en 1936, cuando Victoria tuvo la oportunidad de protagonizar “Perséfone” (papel de recitante) en  el estreno de la obra homónima sobre el escenario del Teatro Colón. El deseo de Victoria siempre fue ser actriz, y cuando su familia se opuso lo sintió como una frustración en su vida. Es por esto que es tan especial la intervención de Victoria como recitante, tanto en Perséfone como en la obra El rey David de Arthur Honegger.

Como se señaló anteriormente, en “Sur” se publicaron artículos relacionados a estrenos de obras y cuestiones propiamente estéticas. Uno de los colaboradores más activos fue Ansermet. La editorial publicó obras clave dentro de la estética musical del siglo XX como «Filosofía de la nueva música» de Theodor Adorno.

Uno de los escenarios más destacados de la cultura argentina fue la “Villa Ocampo” en San Isidro. En esta residencia se alojaron los personajes más importantes que pasaron por Argentina durante el siglo XX: Ígor Stravinsky; Ernest Ansermet; Jane Bathori; Le Corbusier; José Ortega y Gasset: Saint Exupéry; Gabriela Mistral: Federico García Lorca: André Malraux: Indira Gandhi: María Elena Walsh: Atahualpa Yupanqui: Tita Merello entre otros. Victoria donó la Villa a la UNESCO en 1973, y en 1997 fue declarada Monumento Histórico Nacional.

En esta residencia se alojaron los personajes más importantes que pasaron por Argentina durante el siglo XX: Ígor Stravinsky, Ernest Ansermet, Jane Bathori, Le Corbusier, José Ortega y Gasset, Saint Exupéry, entre otros.

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