Sol Gabetta: Reencontrarse con la emoción

Entrevista a Sol Gabetta

Si la pandemia algo nos dio, tanto al público como a los artistas, fue el hecho de valorar y extrañar los conciertos en vivo. En este caso la violonchelista argentina Sol Gabetta nos cuenta cómo la rutina había vuelto “simple” al acto sagrado de encontrarse con el público. Estos tiempos, además, fueron para ella un repensar la manera en que quiere presentarse en el futuro a su público, y qué objetivos desea para los próximos 40 años de vida musical.

 

Por Maxi Luna. 

Estuve viendo “El Concierto de París” (realizado en Champ Do Mars el 14 de julio 2020 y que se puede ver en Film&Arts) y noté que los músicos de la orquesta aplaudían a cada artista que tocaba, como tratando de compensar la ausencia del público, y eso le daba, por lo menos desde la pantalla, cierta calidez, ¿Dentro del escenario lo viviste así?

Lo que ocurrió es que estábamos felices de poder volver a tocar otra vez. Evidentemente es una emoción que se había perdido un poco antes de la pandemia. Estábamos acostumbrados a que hubiera conciertos y a que fuera prácticamente normal ir a tocar. 

Sol Gabetta en París

Yo creo que siempre debería ser algo muy único, pero el hecho de tener una gran cantidad de conciertos a veces lo dificulta. La rutina lleva a que, cuantos más conciertos toco, más cómoda me siento. Sin embargo, el hecho de saber que hay miles de personas reunidas para ese momento específico, al igual que el músico, le da al concierto una sensación muy especial y emocionante. Es un momento casi sagrado, pero ese momento sagrado se vuelve de pronto “simple” cuando nos acostumbramos a hacerlo todos los días, en todas las salas de concierto. Especialmente en Europa que podés viajar y en una hora ya tocar en otra sala fantástica, con otra orquesta fantástica. 

Siempre fui muy consciente de que eso es lo primero que no quiero perder, a pesar de la cantidad de conciertos que pueda tener en un año. 

¿Cómo estás transitando esta situación tan particular que se vive en el mundo?

Esta pandemia fue difícil pero no me molestó tanto intelectualmente porque me dio tiempo para poder reconstruirme de nuevo. En estos meses pude buscar nuevos repertorios, pensar de nuevo de qué manera quiero presentarme a mi público en un futuro y qué objetivos quiero para los próximos 40 años de vida musical. Esa también es la suerte de ser música y no deportista por ejemplo, porque, si todo va bien, la carrera puede durar muchísimos años. Pero también hay que construirla con mucha inteligencia para que no sea muy repetitiva, para que la gente no se aburra de escucharte si no hay innovación.

¿Y qué conclusiones sacaste?¿Cómo ves tus próximos 40 años?

No sé si llegué a la conclusión de los 40 años (risas), pero por lo menos sí para la próxima década, al menos. 

Hay que pensar qué es necesario hacer si uno quiere mantenerse en la vida artística y sobre todo si quiere mantener a su propio público: porque una cosa es construir tu público y otra cosa es mantenerlo, lo que también es difícil. 

No hay que olvidar que en cada década llegan nuevos artistas al mercado musical y que tocan muy bien. El nivel es muy alto. Entonces, ¿de qué manera una puede mantenerse y buscar su propia identidad? Para mí la identidad va con la honestidad de lo que uno es, de lo que uno busca y no intentar ser diferente porque el mercado se transforma. Esa fue una de las razones por la cual me sentía muy incómoda cuando me pedían hacer videos para publicitar, porque el mercado está medio muerto (si bien hice dos o tres cositas muy puntuales para Grammophon). El hecho de ponerme delante de una cámara, filmarme a mí misma, buscar un sonido, que toda mi vida busqué el ideal del sonido, obviamente trabajando, estudiando, pero también con respecto al espacio acústico, es decir en general en una sala donde se busca cómo es la proyección hacia cada persona que está ahí, y ahora el hecho de decir “toco en mi baño”, es un poco frustrante. (risas

Prefiero hacer un trabajo más bien interior y de construcción hasta que esta pandemia pase o podamos convivir con ella de alguna manera. Pero en el momento que tenga la posibilidad de volver a salir de gira, quiero salir con un potencial como artista y como persona. Eso es lo que me estoy permitiendo en este tiempo: crecer desde otros lados, desde otras perspectivas de la vida, que hasta hoy, a lo mejor, no había tenido mucho tiempo de preguntarme ni de ocuparme. Mi vida era prácticamente estudiar, producir, dormir, comer, vivir, salir de viaje. Y era continuamente eso. Entonces, ahora, tener  todo el día para mí misma -aunque una nunca tiene el día entero para sí misma, porque también soy madre y toda la vida es compleja- es muy diferente el hecho de no tener ese objetivo del concierto y saber que hay que estar al 200 por ciento. 

Así que no tener ese estrés a mí me da mucho más espacio para poder realmente sentirme conmigo misma, con qué tipo de repertorio podría empezar a trabajar ahora o buscar más profundamente. 

“No hay que olvidar que en cada década llegan nuevos artistas al mercado musical y que tocan muy bien. El nivel es muy alto. Entonces, ¿de qué manera una puede mantenerse y buscar su propia identidad?”.

 

¿Y qué estuviste pensando o trabajando?

Por ejemplo, en este momento tengo dos instrumentos, uno con cuerdas de tripa, el otro con cuerdas de metal, ese fue siempre mi sueño. Yo hice muchos proyectos con música barroca pero siempre fue una dificultad porque no tenía dos instrumentos y tenía que estar cambiando las cuerdas y de esa forma el instrumento no sonaba de manera ideal. Era un compromiso y siempre una lucha contra el tiempo. Ahora, el hecho de tener dos instrumentos, porque la situación me lo permitió, y tener también el tiempo de poder estudiar en ambos, es prácticamente como si me dividiera en dos y tuviera dos partes del cerebro divididas, donde cada una trabaja de manera independiente. Eso es bastante excepcional en este momento.

Por supuesto, hablo de músicos en mi situación, que sentimos un poco menos la dificultad actual. Hay muchísimos freelancers viviendo de la música por proyectos y hasta ahora no había sido ningún problema vivir así, pero hoy en día todo el mundo se está preguntando de qué manera buscar un trabajo fijo, ya sea en alguna orquesta, en una escuela de música o de lo que sea, porque evidentemente los músicos independientes son los que hoy en día más sufren. Por eso, recientemente, en la ciudad de Lucerna hemos grabado la Novena Sinfonía de Beethoven con una interpretación libre que la verdad no fue fácil, pero al mismo tiempo estábamos felices porque fue para recaudar dinero para los músicos de Suiza que han tenido muchísima necesidad. 

“Para mí la identidad va con la honestidad de lo que uno es, de lo que uno busca y no intentar ser diferente porque el mercado se transforma”.

 

Justamente aquí llegó la noticia de que muchos músicos de Europa están pensando en dejar la profesión. Por supuesto, en Argentina, y en Latinoamérica en general, también lo vemos. En ese sentido, se que tenés la idea de crear una fundación para ayudar a los músicos, ¿en qué estado está el proyecto?

Está ahí todavía, pero estamos cada vez más cerca. En realidad me gustaría hacer una fundación que ayude a jóvenes con una beca, pero que también sea un centro de reflexión y de búsqueda, tanto en lo material como en lo interpretativo. Es decir, combinar intérpretes con musicólogos, que pasan horas y horas en la biblioteca buscando información y detalles durante toda su vida. Me da la impresión de que estamos demasiado divididos. El intérprete que se pasó 12 horas estudiando por día no se ha tomado el tiempo, o no ha desarrollado el interés, de informarse lo suficiente para saber aunque sea lo básico sobre los compositores que tocamos. Pienso que la colaboración puede ser mucho mayor si trabajamos con gente que estudia justamente eso. Esos son los aspectos que en un futuro me encantaría poder desarrollar en la fundación. 

Pero otro punto que hay que tener en cuenta es que una fundación es fácil de crear, pero es muy difícil de mantener. Además hay que encontrar a la gente correcta que quiera trabajar de esa manera. También tengo la gran pregunta: ¿en qué país crearla? Idealmente para mí sería Suiza, porque es donde vivo, pero Suiza está fuera de la Comunidad Europea y eso, a veces, causa problemas, especialmente ahora con la pandemia. Otra cosa que hay que pensar es dónde poner una fundación y a eso me estoy dedicando últimamente, a buscar un lugar, una casa interesante. La verdad es que mucha novedad por ahora no tengo, pero estoy convencida que se va a crear.

“Me gustaría hacer una fundación que ayude a jóvenes con una especie de beca, pero que también sea un centro de reflexión y de búsqueda, tanto en lo material como en lo interpretativo”.

Empezaste con el repertorio más antiguo pero, a la vez, siempre fuiste de encargar nuevas obras ¿Cómo es tu relación con la música contemporánea y cuál crees que es la ventaja de trabajar con compositores vivos?

Una de mis mejores amigas, Patricia Kopatchinskaja, que es una gran violinista, toca prácticamente dos obras nuevas cada mes y siempre le pregunto cómo hace para sobrevivir. Porque llevar al nivel que ella lleva esas obras, en las grandes salas de concierto, lleva muchísimo trabajo. 

Ya hemos hecho con ella tres dobles conciertos, escritos para nosotras, y la verdad es que hemos pasado horas y horas sentadas juntas para poder solamente leer las páginas. Es muy difícil la comprensión al principio de la música más actual. Hay compositores que realmente son complicados de principio a fin, pero no todos. 

Hicimos obras de Michel van der Aa, un compositor holandés, hace unos cinco años hice la primera, y hace un año escribió un doble concierto para nosotras como solistas y orquesta. También obras de Francisco Coll, que es un chico muy joven, de unos 35 años, español pero vive en Lucerna. Lo último que hice fue de Wolfgang Rihm, quien realizó la composición del Concerto en Sol (Concierto en Sol y también significa Concierto para Sol) y fue una experiencia espectacular. Fue uno de los conciertos probablemente más bonitos que he tocado. Técnicamente es tan perfecto, además él tiene una gran capacidad de conocimiento y claridad del instrumento. 

El próximo concierto que tengo será ya en 2023, de nuevo con Francisco Coll, en Londres y en Radio France, París. Tengo mucha curiosidad.

Lo que tiene el violonchelo es ese sonido increíblemente profundo y las dimensiones que tenemos entre los agudos y los bajos, que muchas veces veo que en la música de hoy se olvida. Seguramente el compositor está también bajo mucha tensión de crear algo nuevo pero no se pueden olvidar del público. 

Claro, no perder de vista que los compositores no pueden estar 20 pasos delante porque si no nos quedamos sin público, no perder la conexión con el oyente.

Pienso que es la única manera. Justamente, lo interesante de trabajar con compositores actuales es que están presentes y que se puede crear algo nuevo con ellos. Aunque son ellos los que crean, el compositor sin el intérprete no puede saber hasta dónde esa persona podría llegar, qué capacidades técnicas tiene, que no son para todos las mismas, obviamente. Por ejemplo, se puede trabajar muchísimo con los colores y con el uso de diferentes vibratos. Nadie escribe sobre eso, porque es un tema más de interpretación, pero es lo que intento trabajar con las obras, aunque no sean contemporáneas. Es mucho más interesante que solo trabajar con los mismos parámetros de siempre: “piano o forte”. Aunque a veces los compositores ponen parámetros nuevos, porque quieren ser originales, pero pueden significar una gran dificultad para el intérprete.

En 2016 realizamos con Patricia (Kopatchinskaja) un concurso para todo compositor que tuviera interés en componer para dúo de violín y violonchelo y así poder darle la oportunidad a seis obras. Tuvimos muchísimos inscriptos, fueron al menos 80 composiciones… ¡Fue una locura total leer toda esa música! Encima, como había poco tiempo, tuvimos que leer un poco en resumen y eso no es lo ideal, pero por lo menos te da un aspecto y una noción de lo que se está gestando en el mundo, de qué manera escribe cada uno. Fue muy interesante, y ahí vimos que ciertas personas son muy innovadoras, otras a lo mejor menos, pero tienen ciertas características muy particulares.

Hay mucha gente que compone pero creo que la gran dificultad es que no tienen la posibilidad de trabajar con el intérprete, estamos muy separados (el intérprete y el compositor). Hay muy pocos compositores que ellos mismos tocan música a alto nivel y asimismo hay muy pocos intérpretes que también componen a ese nivel. Hay algunos, pero los tiempos de Liszt no existen más. Nosotros, como intérpretes, estamos muy poco educados en esa dirección. Hoy en día, con casi 40 años, me digo “qué pena que yo no tuve esa educación”, pero hay que recomenzar y darle a la nueva juventud esa bases de conocimiento más profundas. Es decir, un buen estudio paralelo de cultura musical, que en las escuelas de música casi no hay tampoco. Sé que si uno quiere llegar a un alto nivel interpretativo a lo mejor piensa que el día es corto para hacer todo, pero cuando vemos la vida de Schubert o de Liszt, la verdad es que uno dice “tan corto el día no fue para ellos”, así que no debería serlo para nosotros tampoco. 

“Los tiempos de Liszt no existen más. Nosotros, como intérpretes, estamos muy poco educados en esa dirección”.

¿A qué te referís exactamente?

Por ejemplo, un músico que se dedica a tocar el violín, el violonchelo o la viola, pueda también tocar bien el piano, no al mismo nivel que su primer instrumento, pero que pueda acompañar a sus alumnos o colegas. Tener también una idea visual más completa de la partitura que, muchas veces, a un instrumentista de cuerda le cuesta mucho ver. Y lo cierto es que eso también ayuda a comprender mejor. Cuando ves una partitura de orquesta te ayuda a comprender mejor al director o simplemente te ayuda a tocar mejor tu propia parte. Es muy importante lograr comprender cada instrumento de la orquesta, estamos muy cerca y al mismo tiempo estamos muy lejos. 

También es sorprendente el hecho de no tener ni idea cuándo el instrumento no suena bien o cómo moverle el “alma”, el puente, las clavijas, porque no estamos instruidos. Tenemos que mejorar en cada aspecto un poquito sin llegar a la perfección en cada uno, pero sí tener una idea general más amplia. 

Como decía antes, una cosa es la venta hacia el afuera, lo que yo presento al público, pero otra cosa es la construcción del propio ser. Si puedo invertir mi tiempo en descubrir con qué materia estoy trabajando y qué se puede hacer por ejemplo si estoy de viaje y algo no funciona, animarme a arreglar aunque sea lo mínimo. Cuanto más conocimiento tenga, más capacidad de atreverme tendré.

Coincido plenamente, es necesaria una educación más amplia. Pero siempre ronda “la falta de tiempo”, imagino principalmente en los grandes artistas como vos que tienen muchos conciertos al mes.

Opino que el tiempo cada uno lo utiliza como quiere, o mejor dicho el poco tiempo libre. Hay gente que cuando llega del concierto se pone a leer, otros se ponen a ver un video, otros tienen más interés en utilizar el tiempo para mostrarle al mundo lo que estaban haciendo, por ejemplo subiendo fotos. Y antes, cuando eso no existía, uno tal vez podía decidir si ese tiempo lo usaba para otra cosa.

¿Cómo se lleva tu hijo con tu carrera musical?¿Quién se pone más celoso, el violonchelo o él?

A mi hijo le encanta cuando nos vamos de “tournee” (gira artística). Agarra su ukelele y me dice “mamá, yo también me voy de ‘tournee’” y empieza a nombrar todas la ciudades donde hemos estado viajando. Así que la verdad él no sufrió mucho estos dos o tres últimos años que viajamos, al contrario. Yo creo que fue increíble para un chico tener la posibilidad de descubrir el mundo de esa manera. Además le encanta la música y la música clásica le apasiona. Escucha de todo, pero a la música clásica le dice “la verdadera música”.

¿Te gustaría que siguiera tus pasos?

Es muy chiquito, no lo sé. Pienso que el oído se desarrolló en él de otra manera ya, y lo voy a poner en iniciación musical. Pero ya veremos, será él quien va a decidir. A lo mejor dice que no, que esta vida de loco como hizo su mamá prefiere no hacerla.

Ahora volviendo a los compositores clásicos, si tuvieras la oportunidad de conocer a alguno ¿cuál sería?

Uno de los compositores más enigmáticos para mí fue siempre Schumann, a pesar de que tenemos muchísimas preguntas abiertas sobre otros compositores, pero es uno de los compositores con el cual me hubiera encantado trabajar. A lo mejor como director de orquesta, a pesar de que no tuvo gran éxito. Por supuesto, también a Beethoven.

¿Qué consejo le darías a los jóvenes violonchelistas y a los jóvenes músicos en general?

El mundo de la música clásica está difícil en este momento, es verdad, pero no creo que haya sido más fácil hace 20 años atrás. Hay que tener mucha confianza en lo que uno hace, es importante seguir siendo lo que uno es a pesar que a veces no tenga éxito al principio. Además, el éxito es algo muy relativo, cada uno lo comprende a su manera. Me parece que no hay que esperar el éxito del aplauso o de la venta. Se trata de un éxito personal primero, que hay que buscar, y después darle una proyección a eso. 

El éxito personal sería estar contento, conforme con lo que uno está generando. Disfrutar el momento de intimidad y de estudio.

Exactamente, buscar una felicidad interna del día a día. La dificultad de estudiar todo el día, a veces, sin objetivos concretos, porque no hay conciertos, por ejemplo, genera un poco de pánico en cierta gente, una inseguridad sobre hacia dónde ir. Sin embargo, uno tiene que tener confianza en que el camino se va a ir marcando poco a poco. Al menos en mi vida se fue marcando de esa manera, sin realmente haberlo direccionado concretamente hacia un lado o hacia otro. A mis propios alumnos, cuando vienen después de los estudios a preguntarme cómo tener una carrera internacional, enseguida los freno y les digo que si solamente es eso lo que buscan es mejor dedicarse a otra cosa. 

Hoy en día hay que tener una apertura mucho mayor, no se puede tener la cabeza direccionada solo a ser solista porque hay muy poco espacio. La gente cree que se es más feliz siendo solista, y sin embargo hay muchas personas que son más felices en otras cosas relacionadas con la música, pero por ahí no lo han descubierto todavía. Yo pienso que es difícil darle a una persona una dirección si ella misma no logra sentir qué tipos de plataformas y oportunidades tiene delante suyo o se pueden ir abriendo. A veces uno cierra las puertas porque siempre está creyendo -o queriendo- encontrar algo mejor, y al final no se abre ninguna. Para mí es mucho mejor ir abriendo puertas poco a poco, dejarlas abiertas e ir avanzando de alguna manera. Después se puede ir seleccionando, pero esto se puede hacer un poco más tarde, no empezar a los 20 años cuando todavía hay muchísimas cosas que uno no ha probado. 

En mi caso, he tocado en orquesta, música de cámara y he enseñado. Mucha gente cree que la enseñanza no es para ellos. Personalmente, en ninguno de todos esos aspectos me he sentido fuera de lugar, aunque puede ser que en algún aspecto me sienta más cómoda, eso es otra cosa. Pero si uno va con un espíritu abierto, en muchos lugares encuentra un pie para ser feliz.

Hay mucho que tiene que ver con la psicología de los estudiantes, ya que si bien hay que tener un objetivo de a dónde se quiere llegar, no hay que bloquear ese objetivo cerrando puertas simplemente porque no llegó de la manera o en el momento que uno lo esperaba o lo había previsto. A veces llega en ese momento, a veces llega diez años más tarde o puede no llegar nunca. Por eso uno deja los horizontes abiertos y va probando diferentes cosas. 

Al menos en mi experiencia he sido muy feliz haciendo cosas complementarias dentro de la música, porque una cosa me ha aportado a la otra. La verdad es que cuánto más abro esos horizontes, más me complementan como solista, como música y como persona.

 

Sol Gabetta Esta entrevista se escribió para nuestra revista Música Clásica 3.0 del mes de septiembre 2020.

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