Natalia Larangeira, directora asistente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

Natalia Larangeira dirigirá la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

La maestra Natalia Larangeira dirigirá la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires junto a la pianista Marcela Roggeri como solista. Esta presentación también podrá verse en vivo a través de www.teatrocolon.org.ar y las redes oficiales del teatro.

El viernes 19 de noviembre a las 20:00 horas la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires ofrecerá su concierto número 12 de este 2021, bajo la dirección musical de la maestra invitada Natalia Larangeira, y la actuación como solista de la pianista Marcela Roggeri.

El programa musical incluirá las obras Música para arcos, de la compositora Hilda Dianda, Introitus, para piano y orquesta de cámara, de Sofía Gubaidulina, y la Serenata N°2, Op. 16 de Johannes Brahms.


Aprovechamos para compartir la entrevista a Natália Larangeira para la revista digital Música Clásica 3.0  del mes de abril realizada por Virginia Chacon Dorr.


“No hay posibilidad de que el sonido falle si están dadas las condiciones para que un músico profesional pueda dar lo mejor de sí”

Natália Larangeira es la nueva directora asistente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.  En esta entrevista nos cuenta sobre su carrera, su estilo y sus expectativas en esta nueva etapa profesional dentro del Teatro Colón.

 

Antes que nada queremos saber cómo llegaste a interesarte por la carrera de directora de orquesta.

No vengo de una familia de músicos. Mi influencia fue mi abuelo, a él le gustaban mucho las orquestas y cuando las escuché quedé encantada por el sonido. Como mi primer instrumento pedí un piano y empecé en un conservatorio en una ciudad muy chica de San Pablo que se llama Osasco. Allí cursé hasta mis 16 años, los tres últimos años fueron decisivos porque tenía que escribir notas mensualmente sobre distintos conciertos. Entonces todos los meses mi familia me llevaba al teatro para ver un concierto, una ópera, o un ballet. Ahí nació mi vocación, mis ganas de ser directora. Con 16 años dirigí todos mis esfuerzos para convertirme en directora de orquesta, por supuesto continuando con piano como instrumento.

Después de esto empecé la Facultad de Dirección. En Brasil tenemos muchos festivales de invierno, de verano. Traté de aprovechar todas las oportunidades que tenía para dirigir, hacer cursos, clases magistrales. Yo intentaba hacer todo lo que podía, todos los meses viajaba por Brasil para hacer clases, conocí a muchos maestros y maestras. Una de mis influencias más grandes fue la maestra Ligia Amadio.

Tuvimos la oportunidad de entrevistar a Ligia por el III Simposio Internacional de Directoras Mujeres, en el que participaste activamente. Contanos tu experiencia.

Yo participé en las tres ediciones: en Brasil, en Montevideo y el último en línea. Estuve en paneles hablando sobre mi experiencia como directora joven y como creadora de un proyecto en mi ciudad llamado Asociación Camerata Filarmónica de Indaiatuba. Este es un proyecto grande, hoy tenemos 400 alumnos y ya siete años de trabajo.

¿Cuáles son los objetivos de la asociación?

Tenemos una orquesta de cuerdas profesional donde los concertinos tienen un cuarteto de cuerda y dan clases para la orquesta de los alumnos. Tenemos otra que de chicos de nivel inicial. Entonces formamos una especie de pirámide de acciones en la que los alumnos van avanzando, y a la vez llegan a un cierto nivel que empiezan a dar clases a los demás.

Hablemos un poco sobre música, sobre repertorio. Contanos obras de qué compositores o compositoras te interesaría particularmente dirigir, en qué música encontrás esa idea de “yo acá tengo algo para decir”.

Creo que lo mío es un repertorio de fases. Empecé a dirigir porque me gusta mucho la ópera, soy una persona que vive por la ópera y por el repertorio sinfónico programático. Me fascina el repertorio de finales del siglo XIX al fin del siglo XX. Pero empecé a dirigir porque me encanta Wagner, ¡me declaro wagneriana! (risas). Es un repertorio que persigo hacer, es un proyecto medio megalomaníaco por todo lo que implica. Dirigí obras de Wagner, sinfonías, el Idilio de Sigfrido, algunas escenas… pero la ópera es un plan de vida. Después tengo otra fase, como toda amante de la ópera, que es Puccini. 

Ahora estoy haciendo una maestría de dirección en Brasil sobre ópera en el renacimiento. Voy a dirigir la primera ópera compuesta por una mujer, La Liberazione Di Ruggiero Dall’isola Di Alcina de Francesca Caccini. 

Es un material fuera de lo común para trabajar, muy interesante pero a la vez muy complejo porque el discurso sonoro es completamente diferente al discurso más clásico o romántico que una aprende o escucha en su mayoría. ¿Cómo hiciste para trabajar esta obra?

Va a ser la primera audición en Brasil de esta ópera. Es un estilo completamente distinto, tuvimos que escribir muchas cosas, completar partes, hacer una re instrumentación porque el facsímil da algunas indicaciones pero las particellas para la orquesta fue necesario crearlas. Es un gran desafío.

Mi primer contacto con Argentina fue por causa de ópera también: hice un curso con el maestro Carlos Vieu en 2019, fue la primera vez que fui a Buenos Aires y vi el Teatro Colón. Ahí dije “Ok, yo acá quiero dirigir” (risas). Luego asistí a la clase magistral de Diemecke, y tuve la posibilidad de dirigir en el Colón en noviembre de 2019.

¿Cómo fue el proceso para llegar a tener el puesto de directora asistente?

Fue muy rápido. En enero del año pasado (2020) salió un llamado para presentarse al puesto, y fue todo muy precipitado porque tenía dos o tres semanas para entregar toda la documentación, videos, cartas de recomendación… en fin, toda la documentación para comprobar la experiencia. A su vez fue un repertorio ecléctico y difícil de preparar, sin la certeza de pasar de etapas. Para la prueba presencial tenía planeado viajar un sábado, la prueba era el miércoles pero el resultado salía el mismo sábado del viaje. Yo pensé que no iba a pasar, así que cancelé mi viaje. Una hora después me avisaron que había pasado, así que tuve que sacar el ticket de vuelo a las corridas, todos los que me rodean me ayudaron: mi familia, mis amigos, mi jefe -yo en Brasil dirijo otra orquesta-. Llegué un día antes para la prueba, tenía 40 minutos de sesión con la orquesta entera y tenía que hacer el repertorio. Fue increíble.

La Filarmónica de Buenos Aires es una orquesta de tradición que pasó por muchos directores famosos, celebridades del mundo de la dirección, con una gran historia. Yo fui con mucho respeto por la orquesta. Estudié mucho, era un repertorio que yo conocía entonces tenía una gran seguridad de mi interpretación, aunque no soy una persona rígida, sino que trato de encontrar un espacio de intercambio con la orquesta.

¿Cómo te imaginás hoy tu presentación en el teatro, tu primer concierto en este puesto?

Hace mucho tiempo, desde que empezó la pandemia, que dirijo pero sin público. No tengo este intercambio de energía, no sentimos la recepción de la audición. Yo acompañé en línea el festival Piazzolla, vi personas en el público… y dije “¡Guau! ¡Personas presentes, gente de verdad!” (risas). El momento que más espero es el de intercambio con los músicos, hacer algo juntos. Tengo mucha expectativa de cómo será esta comunión, los ensayos, nuestra interacción, nuestros gestos. Una cosa es lo que una imagina y otra es la vivencia real; y otra completamente distinta es mostrar el resultado al público. Quiero vivenciar, quiero descubrir qué músicas queremos hacer juntos con la orquesta, intercambiar experiencias.

Yo ahora tengo 33 años, tengo una experiencia sólida con la orquesta porque dirijo desde muy chica y hace 6 años soy directora de una orquesta profesional que hace repertorio (o hacía) todas las semanas. Entonces tengo mucho repertorio, pero con 33 años para mí no existe todavía algo que sea “mi fuerte”. Lo estoy gestando con la experiencia.

¿Qué música te imaginás haciendo con la OFBA?

Me fascina el repertorio latinoamericano. Para mí es una cuestión personal, porque tenemos que poner en valor nuestra música que es maravillosa y no tiene nada que envidiarle a la que viene de Europa o de Estados Unidos. Hago un esfuerzo por conocer más de la cultura de mis países vecinos, conocer mucho más la música de mi propio país. Hice un trabajo de investigación y encontré realmente cosas increíbles. Es música que corre por nuestras venas, y es una manera de sentirnos parte de una comunidad.

¿Cómo es tu relación con el ballet como directora?

A mí me gusta mucho el ballet, me interesan las artes que dialogan entre sí. Por eso también me encanta la ópera. Hace un tiempo decidí tomar clases de ballet para poder entender los tiempos en el cuerpo de un bailarín, poder entender qué es lo que necesita un bailarín desde la música para hacer sus movimientos. Yo como directora tengo que anticiparme a la música, y ellos bailan a partir de la música. Entonces hay distintos planos temporales que hay que saber manejar, y para eso hay que entender las necesidades de los intérpretes.

Dijiste que te fascina cuando las artes dialogan entre sí, ¿estudiaste alguna otra arte aparte de música y ballet?

Sí, estudié varios años teatro. Soy una persona que me intereso por comprender todas las artes que participan en una ópera. Incluso los oficios: me gusta poder entender cómo trabaja un iluminador, cómo trabajan los que fabrican la escenografía, la vestimenta. Me fascina poder entender lo que pasa alrededor para poder hacer mejor mi trabajo.

¿Esta curiosidad cómo lo aplicas a la preparación de las obras?

Esta curiosidad, esta búsqueda es constante. No sólo con la ópera. Por ejemplo, cuando tengo que preparar repertorio sinfónico me meto en la vida de los compositores y las compositoras desde sus diarios, desde sus cartas. Me interesa entender por qué escribieron eso en ese momento de su vida, qué era lo que los rodeaba, cómo era la vida, las costumbres, los instrumentos. Leo y estudio mucho la vida de los compositores, incluso antes de agarrar una partitura. 

¿Y luego? ¿Una vez con la partitura?

Durante el estudio de la partitura quiero entender qué persona toca cada parte, porque es la persona la que está tocando, no el instrumento. Intento hacer esta relación para entender la psicología de la orquesta, donde ellos tienen una visión y yo otra. A partir de ahí tengo la oportunidad de conciliar visiones. Estoy hablando de una “dirección humanizada”, que se preocupa más por la persona que está haciendo el sonido que por el sonido en sí. No hay posibilidad de que el sonido falle si están dadas las condiciones para que un músico profesional pueda dar lo mejor de sí.

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