Nadia Muzyca: “Gracias a la danza me siento realizada”

El martes 19 de abril el Teatro Colón se vistió de fiesta. Venía de una semana de creciente fervor tras la apertura de la Temporada y la vuelta al escenario con el Ballet completo de Giselle y orquesta en vivo -después de dos años-, lo que generó en el público entendido una “Gisellemanía”. Pero esta última fecha tuvo sabor especial y se percibía en el aire: era la última Giselle de Nadia Muzyca. La bailarina quilmeña, con veintiocho años de trayectoria en nivel profesional, que supo bailar con los grandes de la danza y que a pesar de tantas oportunidades para irse al exterior eligió, cada vez con más convicción, realizarse en su país. 

Por: Luz Lassalle/Carolina Lázzaro para MCBA

Giselle - Teatro Colón 2022 - Ph. M. Parpagnoli

¿Cómo estás luego de tu despedida? Contanos cómo viviste ese momento cuando estabas a punto de salir de la casita de Giselle

Muy bien, muy contenta con toda la repercusión que tuvo, fue hermoso todo. Yo sabía que iba a ser lindo, muy emotivo, pero fue más de lo que hubiera imaginado. Nadie me impuso que me tenía que ir, fue un deseo mío, de hecho, mi director me decía: “Nadia bailá un poco más”, pero yo sentía que era el momento. Son veintiocho años de carrera. Empecé muy joven, a los catorce años; me quería ir bien, entera, disfrutando de esa salida de la casita de Gisselle sabiendo que iba a llegar al final del ballet con sobra, y no salir toda con “cuiqui”; dando una buena función, como hice en toda mi carrera.

Siempre respeté mucho el título de primera bailarina; para mí es un honor, y hasta el último día mantuve ese sentimiento. Decidí irme así porque quería irme plena. Y lo disfruté a full. 

Estaba sensibilizada por supuesto; cada segundo, desde que entré, tenía presente que era el último día de mi carrera como primera bailarina de este Teatro maravilloso, que es como mi segunda casa. Cada cosa que iba pasando en la función, sabía que estaba llegando al final, como el reloj que se va terminando. Pero en ningún momento me puse triste.

Y al final de todo, que es cuando le iba a dar el beso a Albrecht y a entregarle la flor, sentí que todos mis compañeros estaban en las culises, porque habían venido a ver ese último momento. Recibí mucho cariño; me sentí muy querida. 

 

Nosotras nos preguntábamos: si bien fue una despedida soñada y feliz ¿no hay ningún lugarcito de nostalgia por esto que se corta, no ir más al Teatro, pisar el escenario? Además, estando en tu mejor momento, con la técnica de sobra, y la experiencia a nivel interpretativo, ¿por qué dejar a los cuarenta, cuarenta y dos? ¿Es un mandato? 

Es un sentimiento. Yo sé que mi cuerpo daba más, pero quizás mi mente no daba más. Yo soy muy exigente conmigo misma, lo fui toda mi carrera. Esa disciplina de la primera bailarina clásica, después de veintiocho años, ya me pesaba. Y dije “bueno, ya está”.

Cuando Silvia (Bazilis) vino a saludarme me dijo: “Nadia, ¿por qué te vas? Sos tan joven, estás tan bien…”. Le digo: ”Silvia, ¿vos a qué edad te fuiste?” “A los cuarenta y uno”, me dice. “Bueno, yo tengo cuarenta y uno, ¡la misma edad que vos!” No dijo más nada (risas).

Y en cuanto al mandato… quizás yo porque aprendí a ser profesional en el Ballet Argentino de Julio Bocca, y él siempre dijo que a los cuarenta se iba. Yo tenía catorce años, era una pichona de la escuela del Colón (ISATC) cuando él me llamó a su compañía… yo no sabía ni hacerme el rodete. Y creo que crecí con eso de que hay que irse joven; quizás puede ser que me haya marcado.

 

La verdad nos tomó por sorpresa: empezó el año con la renuncia de Paloma, viene Galizzi, luego lo de Alcaraz, y después, Nadia se retira. ¡Es un montón!

Sí, Mario (Galizzi) asumía y yo me iba… Yo le dije “Mario, mi decisión estaba tomada de antemano, con la dirección que fuera”. Fue una decisión personal. Pero como justo fue una seguidilla de cosas, quizás daba para pensar.

Yo sabía que este año me iba con Romeo y Julieta (porque a mí me gustan los dramas) o con Giselle. Y dije “mejor me voy ahora, porque me llega a agarrar otra cuarentena y me muero” (risas). 

¿Cómo es el mecanismo cuando alguien piensa en retirarse? Está la programación del año, ¿pero la obra la decide el bailarín o la dirección? 

Se habla con los directivos. Hay bailarinas que lo manejan con más tiempo. Lo mío fue abrupto. Igual, nadie te puede obligar a seguir siendo primera bailarina si vos sentís que ya está. Yo agarré la programación y dije, o es Giselle o es Romeo y Julieta. La Fille Mal Gardée nunca la bailé, no me entusiasmaba. Y cuando empezamos a ensayar dije: “Es ahora; yo me tengo que ir ahora”. Lo sentí. Y también por miedo a lo que pueda llegar a pasar, porque no dejamos de estar con esta cuestión del Covid, si llega a pasar algo tener que esperar hasta los cuarenta y dos años cumplidos… No lo puedo seguir estirando. ¿En qué me cambia bailar un poco más? Ya estoy realizada, hice todo lo que tenía que hacer y más

"Ya estoy realizada, hice todo lo que tenía que hacer y más"

Giselle - Teatro Colón 2022 - Ph. M. Parpagnoli

Con respecto a la jubilación, qué tanto ha dado que hablar en estos últimos meses, ¿en qué términos te vas?

Yo todavía no me jubilo porque eso es, justamente, lo que se está tratando de solucionar para que nos vayamos bien. No bailo más como primera bailarina, pero seguramente voy a estar en el Teatro aportando desde otro lado. Vamos a ver dónde voy a poder ejercer, esto todavía es muy reciente; es una cuestión de organización. Sigo siendo parte; por eso también siento que no me fui.

¿Qué tenés pensado para el futuro? ¿Tenés planeado seguir bailando?

Clásico no. Podría quizás bailar otras cosas; me gusta mucho el tango. Pero no lo tengo proyectado. Tampoco descarto subirme a un escenario más adelante, pero un tutú o una coronita, nunca más, ahí quedó.  

Sí voy a viajar dando master classes, también me han invitado a ser jurado en concursos, voy a preparar un espectáculo para niños ahora para las vacaciones de invierno; también me van a nombrar ciudadana ilustre de Quilmes…

¡Qué  bueno!

Sí, estoy re contenta. Ayer tuve una reunión y me lo dijeron. Estoy feliz porque soy muy de mi lugar. Nací en Quilmes, nunca me fui del barrio de mi infancia, soy fanática de mi lugar. Inauguré el Teatro Municipal de Quilmes. Es como ir haciendo historia en tu lugar. Así que muy agradecida con este reconocimiento.

¿Y otros proyectos con la danza?

Me gustaría tener un ballet; dirigir. Y bueno, yo tengo mi estudio acá en Quilmes, tengo toda una carrera de danzas; doy siete clases semanales, ¡y eso lleva mucho tiempo también! Y tengo mi marca de ropa. Soy muy inquieta, y me encanta hacer cosas nuevas. Durante la pandemia surgió lo de Muzycana Clothes (Muzyca y Na de Nadia), tengo un local divino, yo hago el diseño de la indumentaria (para danza), elijo las lycras, los modelos; me encanta. Y Mauro, mi marido, que me acompaña en todas las locuras. Mi mamá también me ayuda un montón, sin ellos no sería posible. 

 

Cuando te entrevistamos en la cuarentena nos decías que el “Zoom llegó para quedarse”, ¿lo seguís sosteniendo? ¿pudiste armar clases híbridas como habías pensado?

Sí, acá estamos con el Zoom. En pandemia daba un montón, dos clases por día, una locura. Ahora doy dos veces por semana, porque siento que es una manera de tener conexión con el país. Tengo alumnas desde el comienzo de la pandemia, de Ushuaia, de Bahía Blanca, Santa Fe, Junín, ¡son unas regias mis alumnas on line! Viajaron especialmente para verme en la despedida, mirá el vínculo que se armó… Imaginate el cariño, que es mutuo. Entonces yo no puedo cerrar ese Zoom.

No doy la bimodalidad -que en su momento abría la compu para las que no podían venir-; ahora no: o es Zoom o es presencial.

¿Y cómo fue ese encuentro? Porque las conocés a través de la compu…

¡Es como si las conociera! Fue hermoso.

En la clase hay muy buena onda, es un clima lindo. Las chicas la pasan bien, y yo también. Es un momento de encuentro, haciendo lo que nos gusta ¡Y avanzan! Están en su casa, a miles de kilómetros, y ves el avance. Así que sí, el Zoom llegó para quedarse, sin duda. 

¿Tenés invitaciones para dar clases en el interior del país?

Sí, tengo varias propuestas. Siempre viajé mucho por todo el país. Me gusta viajar y, si puedo, viajo con mi familia. Ahora en junio tengo que ir a Córdoba y nos vamos los cuatro. Vamos en el auto, tomando mate; y allá yo trabajo mientras Mauro se queda con los nenes, si nos queda un día paseamos. Para mí es fundamental tener un equilibrio entre el trabajo y la familia. Siempre lo manejé así, trato de que sean parte de mi trabajo, que me acompañen, porque a mí también me hace sentir más contenta. Yo me tomé dos años de mi carrera para tener a mis dos hijos, para mí era importante ser mamá, es un sentimiento que lo tenés o no lo tenés. Y bueno, toda mujer que trabaja tiene que encontrar un equilibrio entre la casa y el trabajo, porque si no es un bolonqui, te volvés loca. ¡Aunque lo mismo a veces te volvés loca! (risas). 

Hoy 29 de abril, Día Internacional de la Danza ¿qué tenés para decirle a la danza? ¿Qué es la danza para vos?

La danza es mi manera de expresión. La danza cumplió mis sueños, me hizo conocer el mundo, conocer gente maravillosa; gracias a la danza me siento realizada. Hay gente que no sabe qué hacer o no encuentra su pasión; yo la encontré a los nueve años. Y siempre voy a estar ligada a la danza hasta mi último día, por más que haya dejado mis zapatillas de punta, bailarina voy a ser toda la vida.

"Por más que haya dejado mis zapatillas de punta, bailarina voy a ser toda la vida"​

Sobre la última danza...
Función de Giselle en el Teatro Colón - 19 de abril 2022

Podemos destacar en esta última puesta de Giselle el trabajo amalgamado de toda la compañía, desde las danzas del cuerpo de baile, pasando por los trabajos de los actores de reparto, las escenas pantomímicas, los solos y pas de deux; todo puesto en función de este momento tan especial para la primera bailarina. 

Las miradas vivas, el estar presente, en cuerpo y alma; se ve compañerismo, todo sin dejar de lado el alto nivel técnico que goza la compañía. Se escucha el comentario: “Se nota la mano de Loipa (Araújo)”; y sí, lo había anticipado el maestro Galizzi, la expectativa de traer a una de las cuatro joyas cubanas para poner a punto todos los detalles técnicos, se confirma con sus frutos.

Los aplausos no se dejaron esperar en cuanto apareció en el escenario la jovial Giselle, realizando el típico recorrido por la escena; pero esta Giselle es diferente, lleva con ella una carrera inolvidable y un enorme agradecimiento al público, al Teatro mismo y a la danza.

El momento clave del primer acto, la locura de Giselle, cuando se da cuenta de la traición de amor que la llevará a la muerte, es un momento catártico muy bien llevado por Muzyca y que, dadas las circunstancias, aprovechó para hacer simbólicamente su catarsis, con gran pasión escénica.

El segundo acto es un poema vivo, entre la magnitud de la obra musical de Adams y la trama:  la dupla Muzyca – Fernández, envuelta en la última función de la bailarina, expresando tal ternura y complicidad que hizo soltar más de una lágrima a los emocionados espectadores.

Los últimos encuentros entre esta Giselle y Alberth manifiestan la verdadera connotación del final: el aliento en la sala quedó cortado, ya nadie respira ante el majestuoso adagio. Ella se fusiona con él mientras lentamente se van acercando al último abrazo; la bailarina en su esplendor espectral casi levitando, él desolado por no poder salvarla, por no poder cambiar el destino. Pasa en el ballet, pasa en la vida real: ella se despide, él se queda. Les sobra técnica para desarrollar toda su sabiduría artística y lucirse ante el ferviente público

Termina la función: la bailarina se despide y la sala explota en agradecimiento traducido en aplausos, ovaciones, felicitaciones, y todos de pie. Un agradecimiento que es mutuo, se ve en su mirada, se la ve disfrutando su última función que fue como la soñó, bajo los pétalos que caen desde lo más alto del escenario. Agradecida y feliz, rodeada de sus amigos, compañeros, maestros, sus padres, su marido y sus hijos. No hay mejor final que este.

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