La pasión del rey

Dice Gérard Corbiau: «Hace mucho que quería hacer una película sobre Lully, pero he necesitado mucho tiempo para encontrar la manera»

La pasión del rey, de Gérard Corbiau (2000) 

El baile del Sol 

Generalmente las películas de época, dieciochescas, no tratan de otra cosa que de intrigas amorosas en palacio. Pero La pasión del rey es algo completamente distinto. Es una historia de amor, es cierto, pero del amor de un hombre por la música, y de la veneración que siente por su monarca, expresada a través de ésta. 

La relación de Luis XIV con Lully, el amor del rey por la danza, no es algo que conozca todo el mundo. Lully no es un compositor especialmente conocido, y la pasión de Luis XIV por el baile tampoco. Con esos dos factores, Gérard Corbiau ha realizado una cinta en la que retrata la vida en la corte del Rey Sol con mucha credibilidad, pero también con otros elementos: poesía, crudeza, belleza, repugnancia. Junto a la relación entre el rey y Lully, otras historias paralelas pugnan entre sí por hacerse con el protagonismo del film. De todas ellas destaca especialmente el magnífico dibujo que realiza Tchèky Karyo de Molière. Este actor, injustamente desconocido en nuestro país, realiza un trabajo sorprendente, dando vida de manera magistral a una de las principales figuras de la literatura francesa.

En conjunto, aunque en algunos momentos la trama parece disolverse en un conjunto inconexo de personajes e intrigas (algunas de las cuales podían haberse suprimido sin por ello perjudicar al conjunto), La pasión del rey es una buena película, en la que podemos disfrutar, además, de un personaje que no aparece en los créditos pero que da la vida a toda la cinta: la música.

La música de una película, en general, está destinada a acompañar la historia que se cuenta, a subrayar los principales episodios, a comentarlos y, si es posible, a aumentar el impacto emocional. En La pasión del rey hace más, cuenta por sí misma la carrera musical del Rey bailarín y de su compositor preferido: Lully. Incluso más, puesto que es por sí misma el descubrimiento de una obra, ya que aparecen con mucha frecuencia piezas inéditas, desconocidas, nunca interpretadas en un concierto… 

Dice Gérard Corbiau: «Hace mucho que quería hacer una película sobre Lully, pero he necesitado mucho tiempo para encontrar la manera. Escarbando un poco, es decir leyendo mucho, me interesó la idea del ‘rey bailarín’. Conocemos poco de este aspecto de Luis XIV: olvidamos que el rey era un fantástico bailarín, y que estaba directamente relacionado con el origen de la danza clásica, siendo ésta una de las perlas de la cultura francesa. Muy pronto, en toda Europa, se bailará ‘a la francesa’, con maestros de ballet franceses. Nada de esto habría ocurrido sin el ballet de la corte y sin un rey bailarín.» Escuché las grabaciones de obras de Lully que existían. No eran muchas y no me entusiasmaban. Mi personaje era mucho más virgoroso, loco, apasionado que la música un poco ampulosa que podía escuchar. En realidad quería partir de cero: soy un loco del barroco, y hoy existe toda una coriente de interpretación que me gusta mucho por su manera de tocar la música con el brazo a mitad del cuerpo, lo que le da una vida y una fuerza nuevas. Con Daniel Lipnik, que es mi asesor musical, y con Philippe Beaussant, buscamos primero entre los músicos italianos. Y luego pensamos en Reinhard Goebel que estaba en el origen del movimiento barroco reciente. Cuando escuchamos un disco en particular fue decisivo: Goebel ha exhumado la obra de un autor poco publicado, Heinicken. Consigue, con una energía loca, respetar toda la musicalidad alcanzando, al mismo tiempo, una cierta violencia. Es esta la violencia que ha aportado a Lully, pero también ritmo y un cierto toque festivo que me gusta mucho y que no había oído nunca». 

A Corbiau la música le interesa «como elemento esencial, como personaje protagonista». Es un elemento que corre paralelo a la narración, y ambas se apoyan. «Además, como cualquier personaje, la música tiene una evolución a lo largo de la película, tiene su historia». 

En La pasión del rey esta evolución de la música se aprecia en tres etapas: comienza con el ballet de corte, luego es música adaptada al teatro y termina con la ópera. Corbiau tenía una idea en mente a la hora de llevar a cabo La pasión del rey: mostrar algo que no aparece en los libros de historia: que Luis XIV fuera un amante de la música. «Un rey que baila es algo totalmente desconocido. No se enseña así la historia en Francia ni en el resto del mundo. Creo que el hecho de que el rey baile es una característica muy importante para tratar de comprender mejor a ese personaje». 

Pero además de Luis XIV hay otros personajes con gran importancia en la obra: Lully y Molière, sobre todo. Y la música. Es una película coral. Coral en el sentido musical. Un coro de cuatro voces, algunas de las cuales suenan más fuerte que las demás, pero en el que todas tienen gran fuerza. Una cosa que Corbiau advierte es que sólo se puede considerar La pasión del rey como película histórica hasta cierto punto. «Hay un elemento histórico importante, pero también es una obra cinematográfica. 

Aunque se apoya y respeta a la historia, se desarrolla a lo largo de dos horas contando otras cosas que pueden no ser la historia al cien por cien, la historia cruda y desnuda. Es importante la relación que existe entre la música y el poder, y las consecuencias que trae esa relación». 

César Martin terra.es/cine 

http://www.cineclubsabadell.org/recursos/recursos/doc21.pdf

 

Link para ver la película completa: https://gloria.tv/post/G62j8iAqiM7S4EgWrZNmoF4Au

DURACIÓN: 1 hora y 55 minutos min

PAIS: Francia, Alemania, Bélgica

GÉNERO: Drama histórico

ESTRENO: N/A

DIRECTOR: Gérard Corbiau

REPARTO: Benoît Magimel, Boris Terral, Tchéky Karyo

GUIÓN: Andrée Corbiau, Ève de Castro, Gérard Corbiau

EDAD RECOMENDADA: 13 A

Leer anterior

Coros del mundo se unen en festival virtual Perú Canta

Leer siguiente

Audición de violonchelo