Gisela Paterno, compositora argentina y vicedirectora de WKMT

Gisela Paterno vive en Londres hace algunos años, y allí se desempeña como vicedirectora de WKMT, West Kensington Music Team, profesora de composición y piano y desarrolla su actividad como compositora.

Siempre ligada con Argentina, Gisela nos cuenta cómo es el trabajo en el WKMT, cómo es el presente musical en Londres y cuáles son sus planes para el futuro cercano.

 

Por Virginia Chacon Dorr.

 

Bueno Gisela, contanos, ¿estás en Londres ahora? 

Sí, yo vivo en Londres desde el año 2013.

Porque vi que WKMT tiene varias sedes. 

Sí, acá en Londres es la sede principal, y es la que manejo yo. Igual voy y vuelvo de las otras sedes que tenemos. Voy a España donde está Juan Rezzuto, en Mondoñedo, Galicia, que es una belleza. Allí tocamos juntos en agosto un concierto de Haydn en la catedral de Mondoñedo.

Contame un poco cómo es el trabajo en la WKMT.

Nuestro estudio, que en realidad son tres, es privado. Esta es una iniciativa de Juan Rezzuto, que es el director y uno de los embajadores de la técnica para piano de Scaramuzza. La instauró acá y el objetivo es mantenerla viva.

¿Cómo fue el derrotero de tu carrera hasta llegar a Londres?

Yo me encontraba trabajando y estudiando al mismo tiempo. Primero me recibí de profesora de música con especialidad de piano en el Santa Ana. Ya cuando empecé en el IUNA estaba trabajando. En esa época creé un ensamble que se llama GEAM, donde tocaba y lo organizaba artísticamente. Luego de dos años de recibirme me di cuenta que estaba preparada para la siguiente etapa, y Juan ya estaba viviendo en Europa. Él me dijo “Venite conmigo”, y de ahí en más trabajamos juntos. Hoy el estudio ya está consolidado, tenemos más de 200 alumnos.

En el sitio web del Estudio leí algo bastante interesante sobre la la importancia de la educación musical en los adultos. Es muy interesante acercar a los adultos a la educación musical, salirnos de esta idea que la gente que toca un instrumento tiene que empezar a la edad que lo hizo Mozart. ¿Qué nos podés comentar sobre esta parte de su trabajo?

Nosotros queremos acercar la música a todas las personas que quieran aprender. Mi alumna más chiquitita empezó con dos años y medio, y el alumno más grande con 80 años.

Entendemos la visión de enseñar música desde que son niños pequeños, al fin y al cabo el lineamiento de un conservatorio es educar profesionales. Pero no por eso podemos permitir que una persona que disfruta de la música y quiere acercarse se sienta frustrada. El gran violinista Yehudi Menuhin decía que uno de sus sueños era que la música sea una actividad para cualquier persona que se dedique a cualquier actividad. Que la gente tenga un momento, después de terminar de trabajar, para tocar un instrumento, juntarse con otras personas a tocar… que tenga un momento espiritual más elevado que ver tele. La gente necesita el arte, es una forma de meditación también, te conecta con lo que vos sentís, con tu cuerpo. 

Para disfrutar, para meditar, hay que alejarse del miedo a tocar… y eso a veces es complejo en los adultos.

Sí, muchos adultos han sido traumatizados de niños respecto a la relación con la música. Tenemos que trabajar en sacar el trauma de que no pueden o no valen.

Nosotros tenemos nuestros propios festivales, que durante la pandemia fueron online. Nos encontramos, en un día tocan 70 personas y las filmamos de manera profesional. Es todo el día, de la mañana a la noche, con alumnos de todas las edades y niveles. La música es un hecho social, la compartimos sin esa carga de “competir” o de “demostrar”. Sin esa contaminación egoica que nos enseñaron.

El mundo clásico está muy contaminado con ese componente egoico, esa idea de que “si toco una nota falsa se derrumba el mundo”. Yo lo aprendí de mi padre, que es médico: si se equivoca puede perjudicar la salud de alguien. Si él puede trabajar con esa responsabilidad, con ese nivel de estrés que puede generar, ¿cómo yo voy a tener miedo de tocar una nota falsa?

La música es un hecho social, la compartimos sin esa carga de “competir” o de “demostrar”.

En cuanto al método de enseñanza de composición, ¿cómo lo trabajás?

Mi manera de enseñar la he desarrollado durante años. Obviamente me he basado en lo que aprendí de mis maestros.

Para mi la clave es ver la música como un compuesto complejo, todo se interconecta como si fuera un cuerpo: tiene armonía, sonido, melodía, ritmo… Quiero que quede claro que cuando compartimentamos estos términos lo hacemos solamente por una cuestión pedagógica, pero la música es un todo. Tenemos que ir de lo más simple a lo más complejo. 

Yo empiezo por la música clásica, del clasicismo, porque la forma es muy clara. Después me expando un poco más hacia el romanticismo, que es lo que la gente tiene más cercano. Después abordo la música barroca, que se necesita mucha más técnica, y finalmente trabajo sobre la música contemporánea y el renacimiento.

La música es un todo. Tenemos que ir de lo más simple a lo más complejo. 

Hablemos de tu trabajo como compositora. Contame un poco cómo trabajás en tus obras, cómo llegas a tu estilo personal.

Primeramente como estudiante, en la universidad, viví en una burbuja de música contemporánea furiosa (risas). Igualmente siempre traté de llevar un aspecto melódico. Uso técnicas del espectralismo… me fascina Kaija Saariaho, llevó una sutileza única al mundo de la música contemporánea. 

El componente melódico siempre estuvo ahí para mí, la importancia de aquello que se escucha, ¿no? Ahora está cambiando un poco todo, pero durante mucho tiempo fue todo muy “Pierre Boulez”: la importancia se centraba en la estructura a priori y se dejaba de lado lo perceptual. Eso generó una separación importante con el público, para mí lo perceptual siempre fue importante.

Tuve un momento de total modalidad. Ahora, por ejemplo, la última obra que hice fue un encargo del Ensamble de música de cámara de la Fuerza Aérea Argentina a través de la UNACOM (Unión Argentina de Compositoras), de la que yo soy miembro. Esta obra es “dronal”: hay notas que viajan, digamos. No es “no tonal” porque hay una nota que tiene más peso, pero tampoco me manejo con un sistema acórdico. Hay una referencia clara. Y trabajo mucho la polifonía, en este caso hay muchos componentes que se entrelazan, pero muy libre, sin aferrarme a ningún tipo de sistema específico. Voy tomando técnicas, formas de trabajar, de acuerdo a cada uno de los proyectos que tengo. 

Este encargo se inserta en una serie de encargos más amplios del Ensamble de música de cámara de la Fuerza Aérea Argentina, ¿no?

Sí, este es un proyecto que busca reconocer las figuras de aviadoras pioneras. Somos 10 compositoras que creamos obras dedicadas a 10 aviadoras. Yo elegí a Irma Soledad Pintos, porque ella también era paracaidista, y me encanta el paracaidismo. Tuve la oportunidad de conocer su historia y hablar con gente que la conoció. Yo tenía dos motivos: el motivo de la soledad, el estar sola ahí con tu avión, y el motivo del coraje de saltar. Trabajo con ideas, con motivos, no en términos de “la vieja escuela”, pero sí el componente motivacional está presente.

¿Cómo estás viviendo ahora el tema de la pandemia? ¿Cómo está Europa y el escenario musical?

En Inglaterra nunca tuvimos un “lockdown” muy extremo debido a la naturaleza de cómo se vive acá: la libertad individual es muy importante, entonces no hay bajadas fuertes del gobierno. Hay recomendaciones, pero cada persona hace lo que considera. Incluso por todo este tema hay un día que llamaron el “Freedom Day” (Día de la Libertad) con el cual yo no estoy muy de acuerdo, digamos… nunca fui una esclava. Es importante reconocer que con la vacunación fueron bastante eficientes. Hoy la situación es compleja, yo la semana que viene tendría que estar en Austria y eso no se va a dar.

¿Cómo impactó el Brexit en la escena musical?

La salida de la Unión Europea fue muy compleja en relación a la actividad de los músicos. Bah, en realidad impactó en todos los términos, ya que hubo una crisis energética y de desabastecimiento a partir de la crisis laboral: no se consigue gente para trabajar básicamente.

Hay puestos laborales que la gente acá no quiere cubrir: limpieza, cuidado, todo lo que tiene que ver con transportes. Hace muchos años que la sociedad británica se acostumbró a que hay trabajos que ya no hacen ellos.

Y en cuanto a la música vemos una una disminución muy importante en lo que son las actividades de músicos de otros países de Europa, hubo un cambio demográfico importante derivado de las trabas que generó todo este cambio.

¿Cómo sigue tu carrera en un futuro cercano?

Bueno, sigo con la Unión Argentina de Compositoras, con proyectos en Argentina con el Ensamble Rosario para estrenar nuevas obras. Sigo fortaleciendo los lazos con el país de donde vengo.

En España, con Juan Rezzuto, estamos diseñando cursos que tenemos que presentar esta semana ante el Concello de Galicia, para dar el año que viene en Santa Emilia, en Mondoñedo. También vamos a estrenar obras en conciertos con diferentes ensambles. Una idea es llevar músicos de Argentina… el presupuesto está, se pueden quedar y pueden tocar. Estamos viendo el tema de cómo hacer con los pasajes.

Yo me di cuenta, al venir a Europa, que en Argentina hay un excelente nivel de músicos. A veces nosotros mismos nos tratamos mal, o tenemos la visión de que en otros países son mejores, pero la realidad es que no es así.


Más información en:

Youtube de Gisela Paterno

Página personal de Gisela Paterno

www.piano-composer-teacher-london.co.uk

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