Erich Wolfgang Korngold ¿Expectativas no realizadas de un prodigio?

Cuando se menciona la palabra precocidad en el campo de la música usualmente el primer nombre que brota a nuestra consciencia es el de Mozart. Indudablemente el oriundo de Salzburgo fue un caso anómalo en la historia de la música occidental pero su extrema condición cognitiva encuentra compañía en el siglo XX en otro austríaco también llamado Wolfgang.

 

Por Pablo Viera Vignale.

Para ser más precisos estamos hablando de Erich Wolfgang Korngold. Innumerables elogios recibió en su niñez de figuras tan destacadas como Gustav Mahler, Richard Strauss y Alexander Von Zemlinsky. Nacido en Brno en 1897, su padre Julius Korngold era considerado uno de los más eminentes críticos musicales de su tiempo y desde su más tierna infancia Erich evidenció sus extraordinarios dotes musicales.

Al poco tiempo su fama se extendió, célebres músicos se interesaban por interpretar sus creaciones, un ejemplo de ello es el de Artur Schnabel quien recorrió Europa incluyendo como parte de su programa la segunda sonata para piano del compositor de trece años.

En su adolescencia ya era un magnífico orquestador, obras tales como la Sinfonietta Op 5 y sus dos primeras óperas, El Anillo de Polícrates Op 7 y Violanta Op 8 atestiguan esta afirmación. 

A la edad de veintitrés años, en 1920, Korngold estrenó la que sería considerada su obra mejor lograda en el campo de la ópera, “Die Tote Stadt” o La Ciudad Muerta. Inmediatamente la misma gozaría de gran popularidad y el joven compositor se encontraba en la cúspide de su carrera.

Con el tiempo emprendería otros proyectos en el género teatral pero ninguno alcanzaría la misma estima por parte de la crítica ni el mismo éxito en cuanto a representaciones. 

Con la asunción al poder de Hitler en Alemania, Korngold emigraría a los Estados Unidos para resguardarse por su condición de judío y también se adentraría a un formato compositivo que estaba en sus instancias embrionarias, el de la música de cine. El oriundo de Brno se convertiría en una de las personalidades musicales centrales de esta tradición.

Habiendo mencionado todo esto, es inevitable hacernos una pregunta en cuánto a su legado; ¿qué causas existen para que Korngold no haya alcanzado el status de “gran compositor” a pesar de su aventajado comienzo? 

Para responder esta interrogante realizaremos una comparación entre La Ciudad Muerta y La Mujer sin Sombra de Richard Strauss estrenada un año antes, en 1919 y veremos qué las separa en lo que concierne a sus cualidades musicales.

Comparación entre La Ciudad Muerta y La Mujer sin Sombra de Richard Strauss

Estamos ante dos dramas musicales que guardan ciertas similitudes en lo que respecta a lo puramente musical pero mientras que en los últimos quince años la obra de Korngold ha tenido veinte representaciones, La Mujer sin Sombra casi triplica ese número con cincuenta y seis interpretaciones.

La Ciudad Muerta comenzó siendo uno de los grandes éxitos de la década del veinte mientras que la ambiciosa ópera de su colega alemán tuvo un comienzo difícil siendo considerada demasiado compleja y por ende incomprendida por la mayoría. 

En todo caso, volviendo a la relevante pregunta, ¿cuál razón musical existió para que Korngold no se convirtiese en uno de los grandes compositores de la historia? ¿Qué cualidades creativas carecía para alcanzar esas alturas artísticas? Si observamos bien La Ciudad Muerta, la obra gravita de principio a fin siempre en torno al mismo carácter infantil, uno plagado de inocencia como si fuese un cuento de hadas. El compositor no se desvía de ese eje emocional hacia ambientaciones más trágicas o exóticas, en todo momento mantiene un homogéneo e inquebrantable optimismo. 

En el caso de la obra de Strauss, esta contiene una mayor complejidad expresiva en la cual permanentemente mutan los paisajes emocionales, la obra contiene un atractivo mestizaje en torno a su carácter. El realismo, la épica y la decadencia se fusionan perfectamente con los aspectos más luminosos, afectivos y de ensueño de la obra para otorgarnos un mundo sonoro infinitamente más interesante y rico. 

El compositor austríaco carecía en su estilo de la capacidad de tomar riesgos expresivos extremos cosa que Strauss no vacilaba en realizar. Esa cualidad de arriesgarse a consumar “locuras”, de hacer algo completamente inesperado es una de las características que los separa a ambos. La lógica musical conservadora de Korngold gesta una previsibilidad que no puede compararse con la audaz inventiva y espíritu aventurero de Strauss.

A la vez el genio alemán era capaz de contrastar y contraponer a lo largo de los compases ideas originales muy disimiles y a la vez compatibles que generan un efecto sorpresa magnético en el oyente.

El limitado rango dinámico que el vienés manejaba en sus dramas musicales y su estilo de composición vocal tan melódico hacían que este género del teatro musical no fuese el apropiado para él. 

A pesar de esto encontró mayor simpatía y legado artístico en un formato compositivo de menor consideración crítica como lo es de la música fílmica.

Podemos concluir que el caso de Erich Wolfgang Korngold es el de un compositor que simplemente se formó precozmente en muchas virtudes musicales pero que no logró desarrollarse al extremo necesario como para  convertirse en la figura trascendente que se esperaba de su persona.  

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