Entrevista a Paula Almerares “Tener una meta es esperanzador”

Entrevista a Paula Almerares “Tener una meta es esperanzador”

Paula Almerares nació, vivió y vive rodeada de arte. Es hija del violinista Héctor Almerares y Leonor Baldassari, quien fue primera bailarina del Teatro Argentino de La Plata. Su hermana Viviana es violonchelista y su marido, Ruben Martinez, también es cantante como ella.

Interpretó los papeles más interesantes de su tesitura, en espacios de prestigio y acompañada de grandes artistas. Entre sus interpretaciones podemos destacar su participación junto a Alfredo Kraus en el Teatro Colón en 1993 en Los cuentos de Hoffmann. Intervino en el Festival de Verano en el Teatro Griego de Epitauro, cantó la Novena Sinfonía de Beethoven en el Teatro Colón bajo la batuta de Zubin Mehta, y en el Metropolitan Opera de Nueva York con El barbero de Sevilla dirigido por Ivs Abel y Bruno Campanella, acompañada por Juan Diego Flórez. 

Esta entrevista es una transcripción de los mejores momentos de nuestra conversación realizada en vivo a través de nuestro Instagram (junio 2021).

Por Maxi Luna.

 

Venís de una familia de artistas. Estudiaste violín pero un día dijiste “quiero estudiar canto”. Además empezaste ya a los 13 años con ópera, no popular o rock.

Mi contacto con la música fue desde que nací. Estudié 6 años el violín, pero de un día para el otro decidí ser cantante ¡y lírica!. No sé cómo explicar el porqué de la elección…

Tu madre fue bailarina, ¿nunca te dio ganas de incursionar en la danza?

Mi madre fue primera bailarina, muy importante en todo el país. Pero la verdad es que ella no quería que yo esté en este ambiente, porque decía que era muy duro. Hay cosas que a veces los padres quizás quieren atajar por lo que han sufrido ellos, pero terminé cantando, terminé estando en este ambiente de todas maneras.

¿Cómo fueron tus inicios, cómo llegaste a ser solista?

No elegí ser solista, me sucedió. En mi casa eran todos primeros: primer violín, primera bailarina…

En un inicio estudié en Argentina. Luego me perfeccioné en Francia con Janine Reiss, una maestra de repertorio y de técnica vocal que trabajó con los grandes, incluidos Plácido Domingo y Alfredo Krauss. Yo tuve la oportunidad de conocerla en Torino, en donde me preparó para Romeo y Julieta. Fue fundamental para mi carrera. Toda la técnica vocal para mi fue un antes y un después de ella.

También fue un antes y un después para tu carrera el concurso Traviata 2000, que se hizo en Pittsburgh, Estados Unidos.

Claro, porque en ese concurso apareció la figura del manager, pero sobre todo porque me dirigió Lorin Maazel. Él está a años luz de muchas personas con las que he trabajado, sin desmerecer a nadie. No necesitaba hablar, necesitaba escuchar y solamente con el idioma de la música sabía hacia dónde quería ir.

Los directores que hablan demasiado, lo mismo que los cantantes, no entienden que realmente no es así la música. La música pasa por otro lado, hay una seguridad de parte del director y del cantante, que de repente se unifica y ahí nace la grandiosidad. Esa es la sensación que yo tuve con Lorin Maazel, con Michael Tilson Thomas, con Zubin Mehta; lo mismo tengo que decir que viví en Argentina con Carlos Vieu, una persona a la que quiero mucho y que siento que tiene ese compromiso.

¿Extrañás el contacto con el público?

Sí. No sabés cuánto te agradezco esta oportunidad de al menos poder hablar, porque es una manera de acercarse al público y contarles que, por ejemplo, estoy dando muchas clases, que tengo muchos proyectos. Pero principalmente quiero contarles que tengo muchas ganas de cantar, que estoy en training. ¡Tengo tantas ganas de que los teatros abran!

¿Cuáles son tus proyectos?

El  12 de octubre la familia Pavarotti me invitó por el aniversario de su cumpleaños. Me siento sumamente halagada, porque fueron directamente ellos quienes me contactaron. Allá, en Módena, Italia, voy a cantar y vivir en su casa y compartir con grandes cantantes y directores de su época. Y digo: pensar que se pueden hacer cosas y acá no se está haciendo nada… la verdad, es como que te cortaran las piernas. 

Esta segunda ola de la pandemia, una lo dice de una manera más liviana porque ya vivió la primera, pero te puedo asegurar que es una desesperación, aún no entiendo el porqué no hay una determinación de volver y un protocolo para abrir los teatros. No entiendo cómo se abre un shopping y no se puede abrir un teatro.

Hace poco hiciste algo en La Plata por el centenario de Piazzolla, ¿no?

Sí, además mi padre tuvo un vínculo muy cercano con Astor. Como acá en la ciudad de La Plata no se hizo nada, por motu proprio decidí hacerle un homenaje. Canté tres tangos; “Chiquilín de Bachín”, “Pájaros perdidos” y “Balada para un loco”. Me encantó poder hacerle un homenaje después de haberlo conocido personalmente cuando era muy chiquita. Todo esto, por supuesto, fue transmitido por las redes sociales, de la manera en la que nos estamos comunicando hoy en día.

Claro, por lo menos lo pudiste llevar a cabo en este momento tan complejo.  Hay que reinventarse ¿no?

Sí, por supuesto, de la misma manera que ahora tuve que comunicarme con vos, o cantar grabándome con un buen celular, con un buen micrófono, aprender a hacer un streaming. Lo que pasa es que, lógicamente, hay que vivir también, porque para mí el canto es un don, es lo que me llena profundamente el alma, pero también es mi trabajo. 

Por eso me parece que la cultura, y específicamente la música y todo lo que está relacionado con ella, no se toma ni se ha tomado como un trabajo. Ni siquiera antes de la pandemia. Yo soy solista, vivo de contratos, no tengo una mensualidad como los que integran los cuerpos estables. Y vos dirás “vos lo elegiste”, pero no, yo no lo elegí, a mi me sucedió así, yo di una audición y fui solista.

La realidad es que no se toma en serio al artista, y espero que a alguien se le prenda una lamparita porque a la hora de pedirte cantar están, pero gratis. Es una realidad que hay que asumir.

Volviendo a temas más agradables, contame tu experiencia con otro gran director: Zubin Mehta. En este caso no con una ópera, sino con la Novena Sinfonía de Beethoven en el Teatro Colón.

Es una persona estupenda y como músico es enorme. El recuerdo que tengo de la Novena Sinfonía es que él elegía a los cantantes, pero los últimos que decidían quién cantaba eran los músicos de la orquesta (Sinfónica de Israel), el primer violín y el primer violonchelo. O sea, no cualquiera podía cantar. Tuvimos un ensayo en el escenario con el piano gran cola del Teatro, luego otro con la orquesta y el día de la función nos dijo: “vamos a tener otro ensayo y luego la función”, así que fue la primera vez que canté la Novena dos veces en una noche (risas).

Es un gran director, con una mano muy clara y llena de emoción. Luego lo vi cuando vino al Teatro Argentino (La Plata) y recuerdo que dijo asombrado “¡Este teatro es maravilloso!” Y quería saber si trabajaban, si hacían ópera. Es que realmente tenemos grandes espacios, grandes teatros, en Italia por ejemplo son teatros de repertorio, más pequeños, y aquí son enormes.

Son magníficos los grandes eventos artísticos en los que has podido trabajar y disfrutar.

Sí, la verdad es que tuve el honor de poder cantar con muchos grandes artistas en su plenitud, y por supuesto también con grandes cantantes argentinos, personas que para mí fueron maestros arriba del escenario. Ya no quedan tantos. Creo que todo se ha ido transformando en un gran comercio. Empecé muy joven, por eso conocí el antes y el después, y conozco lo que es el hoy también. El hoy es muy diferente.

Hablando de maestros y maestras, ¿cómo sos vos enseñando?¿Te gusta esa faceta?

¡Me encanta! Di muchas masterclasses, afuera y acá también. Cuando empecé a hacer clases con más regularidad, la devolución de los alumnos fue enorme. Hay un ida y vuelta muy grande. Tengo bastantes alumnos, y eso me estimula muchísimo y además me mantiene en ‘training’, porque me gusta vocalizar y cantar con ellos, desmembrar las arias. Es un trabajo en el que termino cantando con ellos porque quiero dar el ejemplo. 

Si hay algo que lamenté de mis maestros fue no escucharles ni una sola vez cantar una nota. Yo aprendí mucho escuchando los videos del Metropolitan Ópera House, que mi padre conseguía cuando estaba de gira con el cuarteto de cuerdas Almerares. Yo era adolescente y ya estaba estudiando, y escuchaba a Leona Mitchell, Leontyn Price, Plácido Domingo, Luciano Pavarotti. Es increíble que luego, más adelante, pude cantar con muchos de ellos. Pero en un comienzo, escuchar esas grabaciones, mirar los VHS, fue como pude aprender y absorber sus técnicas. En un punto fui muy autodidacta, porque mis maestros no me daban el ejemplo vocal que yo necesitaba y a veces el alumno necesita escuchar. 

Así que gracias a esos grandes -y a mi padre que me trajo todo ese material de sus viajes- es que pude entender qué era ser un cantante solista. Cómo pararse en el escenario, que “approach” había que tener con el público, cómo manejar toda esa situación. Y luego mi madre, ella fue mi mano derecha toda la vida y me enseñó, desde el lado más amoroso, cómo tenía que estar arriba de un escenario y qué era lo que había que producir.

En este momento hay muchas alumnas que te están saludando y agradeciendo en este vivo de Instagram.

Yo los quiero mucho porque confían en mí. Uno de los motivos por los cuales regresamos a Argentina fue, primero, porque amo mi país y se nos daba la posibilidad de ir y venir. Y, segundo, porque nunca corté el cordón umbilical con los teatros de acá, jamás quise hacer eso, no por nacionalista sino porque acá di mis primeros pasos. Luego los caminos siempre se abren y es importante tener metas. Y no solamente estudiar sino saber que el canto es un don. Es muy importante agradecer eso, cualquiera que sea ese don, agradecer. Soy una agradecida de la vida.

¿Cuáles son tus metas en este momento?

Mi meta es conservarme siempre vocalmente, por eso siempre estoy estudiando y dar clases me pone muy en training. También estoy adquiriendo más repertorio. Es muy bueno tener el repertorio de siempre y sumar más. Puedo sumar porque tengo más experiencia de vida también. Por ejemplo, ya sé lo que es el fallecimiento de un ser cercano y puedo expresarlo en otro tipo de repertorio y de personaje. La voz se pone más lírica, se pone más carnosa, más adulta. Bueno, como la edad que una va teniendo (risas). La vida útil del cantante es más corta que la de un instrumentista. Es un músculo que hay que cuidarlo. Es el caso de Alfredo Kraus que cantó hasta muy grande, pero son casos únicos.

Claro, no es sólo el despliegue físico sino también las emociones que implican algunos personajes dramáticos. Como decías antes, y como dice el tango: “primero hay que saber sufrir”.

Hay que saber dónde está el personaje. Cuando estás estudiando das lo máximo y se te caen las lágrimas. Pero luego uno aprende y ahí viene la técnica. Uno tiene que emocionar al público, no emocionarse uno mismo. El canto no es algo metafórico, hay una técnica, hay una manera, hay una conducta. No te tiene que “comer” la ópera cada vez que vas a cantar. 

El canto tiene la misma teoría de conducta que cualquier otro instrumento. Hay que realizar coloraturas y ejercicios. Algo que me sorprende mucho es que se reciben de los conservatorios, con 10 en todas las materias, pero el canto en realidad más o menos, pero se reciben de maestros de canto. Y para un maestro de canto que nunca se subió a un escenario, es realmente complejo enseñar a cantar. Cantar en la casa o en un lugar pequeño, no es lo mismo que cuando se abre el telón y tenés que cantar para tres mil personas. Hay un montón de tips, millones de cosas que hay que tener en cuenta.

Me ha llamado la atención que tu canción favorita es “Rapsodia Bohemia”, de Queen. Has incursionado bastante en la música popular, ¿no?

Es fundamental abrir la cabeza. Es una maravilla poder hacer música popular, te permite entrar en otro terreno, donde también podés encontrar otros compositores, en este caso de Freddy Mercury. También me encanta el rock nacional. La primera vez que incursioné por esos lados fue con canciones de Marinila Ross. La música y el canto pasan por todos lados, simplemente hay que saber hacerlo.

Cuando me invitó a cantar Ángel Mahler “Rapsodia Bohémia Sinfónico” no podía creer que estaba cantando la parte de Montserrat Caballé, de aquel famoso dúo que hicieron en Barcelona. También hice un musical en calle Corrientes y me sumó muchísimo. Realmente es lo mismo, solamente hay que saberlo cantar, hay que estudiarlo para darle la impronta que cada género necesita, nada más.

¿Qué consejos les podés dar a los y las cantantes que están iniciando sus carreras?

Con esta nueva experiencia que tengo de dar clases y de unirme a ellos puedo decir que es muy importante que se pongan una meta, con esto no quiero decir que tengan que ser solistas, pero sí que se pongan una meta para poder cantar si es lo que les gusta realmente y que no se vayan de esa meta. Tenerla es esperanzador. Y por más que uno piense que es imposible, no lo es. Yo tenía 15 años cuando escuché Otello y dije “yo voy a cantar con Placido Domingo” y canté con él 3 veces.Y no fue suerte porque yo vivo en Argentina y él vive en otro planeta (risas). Todo se puede. Con crisis, sin crisis, todo se puede.

Por supuesto, la dedicación es fundamental. Dedicarse y amar lo que haces. Al principio cuesta, y mucho. Pero en algún momento sale algo hermoso y uno dice “woow, esto valió la pena”. A otros les cuesta menos, pero es ese punto entre la meta y la dedicación. Hay que estudiar y encontrar a la persona adecuada para la enseñanza.

Nombraste a Plácido, otro de los grandes artistas con los que has cantado. Contanos un poco más sobre esas experiencias.

Con Plácido Domingo tuve la suerte de cantar toda su carrera de tenor, ahora se pasó a otro cuerda, a barítono. Nosotros hicimos la apertura del Teatro Avenida, luego me llamó para cantar con él en Washington y en Montevideo. Se aprende más cantando con él una semana que con meses de técnica. 

Con los grandes es así, se aprende estando al lado. Al igual que con Mirella Freni, Sherrill Milnes y todas las personas que fui nombrando. Es una energía que se emana muy fuerte. Además quedan las anécdotas de compartir la persona, lo interno, los secretos. Es maravilloso cuando podemos ver a la persona y al personaje a su vez.

 

¿Hay algún evento que quieras destacar?

Estoy muy feliz de haber cantado en todo el mundo y de haber cantado aquí en el Teatro Colón tantas veces. Este año, si la pandemia lo permite, realizaré un recital en el Teatro. Ser profeta en mi tierra me da mucha alegría. Por supuesto el evento del 12 de octubre por el aniversario de Pavarotti es para destacar también. 

Pero si hay algo que siempre recuerdo, que siempre me queda, son esos aplausos enormes que brinda el público o cuando te tiran de los costados de arriba esas flores hermosas. En Rosario me pasó, por ejemplo, que el director del teatro compró miles de papelitos brillantes de colores para tirar, y a pesar que se me quedaron pegados hasta en la lengua (risas), yo feliz de esas demostraciones de cariño. Los aplausos son la devolución de tanto esfuerzo, de tanto estudio. Para mí cantar es lo mejor que me puede pasar, es abrir mi plexo solar y dar todo. Y después el público lo devuelve con cartas, aplausos, con todo. Es maravilloso.


Esta entrevista a Paula Almerares fue tapa de la revista digital Música Clásica 3.0  del mes de junio 2021

revista musica clasica 3.0 - tapa Paula Almerares

Leer anterior

Entrevista a Ricardo Sciammarella, director del Ensamble Concentus BA

Leer siguiente

Entrevista a Nikolay Lugansky: “Me gusta vivir dentro de la música”

Más publicaciones