Entrevista a Marina Mahler, nieta de Alma y Gustav Mahler

Entrevista a Marina Mahler, nieta de Alma y Gustav Mahler

Las cosas inspiradoras te cambian, y para eso estamos en la tierra: para cambiar.

Nieta de Alma y Gustav Mahler, Marina es presidenta de la Fundación Mahler y Patrocinadora y Miembro de Honor del Jurado del Concurso de Dirección Gustav Mahler. 

Conversamos con ella acerca de sus ideas y proyectos, y por supuesto, sobre Alma, a quien recuerda como una mujer luminosa, y sobre la música de su abuelo, a la que describe como un terremoto capaz de desgarrar el corazón.

 

Por Maxi Luna. 

Nunca conociste a tu abuelo, ¿cuándo descubriste quién fue y la importancia de su música y legado?

Mi infancia se desarrolló junto a mi madre, Anna Mahler, que era artista también, una maravillosa escultora, pero no tuve el peso de la historia sobre mí, porque crecí mayormente lejos de Viena y fui desde muy pequeña a un internado, así que escuché su música bastante tarde. 

Él murió cuando mi madre tenía 6 años, y lo conocí a través de las cosas que ella me contó, pero mi verdadero descubrimiento fue en mi juventud, al conocer la extensión, la magnitud y el peso de quién fue y de su música. 

La primera vez que caí en el hecho de ser familiar suya fue al escuchar que su libro favorito era “Hermanos Karamazov” de Dostoievsky, que también era el mío cuando era una adolescente, ahí, de pronto, sentí una abrumadora conexión con esta persona que era mi abuelo. Luego, poco a poco, comencé a escuchar su música, que entonces no era interpretada tan a menudo, y se convirtió lentamente en algo muy importante para mí. También su carácter como hombre, como ser humano. 

Nunca puedes decirle a las personas que se han ido a otro mundo lo que está pasando en este, lo que es una pena porque sería muy hermoso tener la oportunidad de conversar con mi abuelo. Si pudiera elegir volver el tiempo atrás para conocer a alguien y decirle algunas cosas, definitivamente ese “alguien” sería él.

¿Y qué te gustaría decirle?

Oh mi dios… creo que la conversación sería acerca de la vida y la muerte sin dudas, ya que él sabría de qué se trata todo eso (risas). 

Él no tenía tiempo de mirar atrás para reflexionar acerca de su vida porque pasó muy rápidamente. Quisiera saber si se arrepentiría de algo, aunque creo que no. Solo estoy terriblemente triste de que muriera antes de poder terminar su décima sinfonía. Creo que eso debe haber sido lo más difícil para él, luego de la muerte de su hija Maria.

Tu abuela también fue una persona excepcional, ¿cuáles son tus recuerdos de ella?

Conocí a  Alma (Mahler) a los 6 años, cuando junto con mi madre nos fuimos a vivir con ella a Beverly Hills, California. Fue por un tiempo muy breve, porque luego me enviaron a un internado. 

La recuerdo vívidamente porque era más grande que la vida, muy luminosa y hermosa. Tuve impresiones muy positivas desde el punto de vista de una niña, porque los niños usualmente aman la belleza, se sienten atraídos a la belleza y yo pensaba que ella era muy hermosa.

Llegué a conocerla mejor cuando se mudó a Nueva York y yo la iba a visitar ya sea con mi madre o sola. Mis primeras impresiones fueron mágicas.

 

¿Sabés por qué dejó de componer?

Bueno, al principio fue algo que le pidió mi abuelo, Gustav, antes de que se casaran. Él le escribió esa famosa carta en la que le dijo que sería ridículo tener dos compositores en la misma familia. “Te pido que te cases conmigo y que dejes todo solo para hacerme feliz a mí y me dejes componer”. Así que ella tuvo una charla con su madre quien le aconsejo que no se casara, le dijo: “No puedes casarte con él, porque no puede pedirte algo así”.

Al final ella, románticamente pensó: “Si lo hago me estoy sacrificando por alguien que es un gran director y un gran compositor”. Se lo tomó de esa manera, y en esos días las mujeres hacían ese tipo de sacrificios.

¿Y por qué no volvió a componer luego de su muerte?

Luego fue más difícil, porque durante todo el tiempo que estuvieron juntos ella no escribió una sola nota así que estaba fuera de ese mundo interno. Podría haberlo hecho pero tenía una nueva vida, otro hombre, muchas cosas pasando alrededor suyo que eran muy intensas y apasionadas. Además ya era madre. Su vida evolucionó hacia otra dirección. 

Cuando componía era joven y tenía toda su vida y su tiempo para ella. Luego conoció a Mahler, así que ya era una persona diferente en cierta forma, una mujer diferente. Aunque creo que siempre se arrepintió de esa decisión y creo que sus canciones son realmente hermosas.

 

Personalmente su música me parece muy nostálgica y melancólica…

Sí, yo pienso lo mismo. Es una pena que no escribiera más música. Por suerte existe mucha gente que ha orquestado sus canciones y que las quieren interpretar. De hecho habrá un concierto dentro de poco en Marsella, también han hecho una película sobre ella y su música, y me han pedido que la narre. Esto es muy movilizador para mí.

Venís de una familia de mujeres muy fuertes, tu abuela Alma, tu madre Anna y vos misma, ¿creés que este es el siglo de las mujeres?

Sí, es el comienzo del siglo de la mujer, porque no estamos ahí aún. Creo que es una parte muy importante de la humanidad, es la mitad de la humanidad. La mujer tiene tanto que dar, tanto como el hombre. Es la contraparte. Creo que el hombre y la mujer son muy importantes, son elementales en la naturaleza y merecen respeto, lo que apenas está comenzando a verse ahora. No es ni cercanamente suficiente. Hay tanto miedo, y el miedo genera ira y violencia. Y las mujeres sufren ese miedo y el resultado de ese miedo es la violencia. Esto es algo terrible.

¿Alguna vez pensaste en ser artista?

(Suspira) Llevo escribiendo lo que llamo “fragmentos” desde que soy una niña y creo que si algo debe salir lo hará en los últimos años. Ya lo veremos.

No puedes imaginarte qué tan severamente vas a juzgarte a ti misma, viniendo de semejante familia.

Sé que de niña tomaste clases de piano.

Sí, y también tomé clases de flauta. Pero cuando ingresé al internado tenía 7 años, y eso ya no progresó demasiado. No se focalizaba en la música y estuve muchos años en esa escuela.

 

¿Cómo fue tu infancia? Suena bastante dura.

¡No, mi infancia fue maravillosa! Fue muy inusual, mi madre estaba muy convencida de que había leído correctamente a Maria Montesori, la maravillosa educadora italiana, así que cuando yo tenía 3 años ya creía que ya estaba formada. De ahí en adelante me dejaba tomar mis propias decisiones. Me decía “¿qué quieres?, ya eres adulta. Decide tú”. (risas). 

Por ejemplo, la primera vez que me fui de viaje fue cuando tenía 3 años. Fui por tres meses a un campamento en Cornwall mientras ella se iba a Norteamérica. Pero fue la mejor época de mi vida. Abrirse al mundo de la naturaleza, el mar, la campiña, las granjas, los animales, los árboles. Principalmente el mar, fue increíble. 

También viví al lado suyo como si fuéramos amigas, lo que fue también una experiencia maravillosa. Los niños viven en el mundo en el que nacen y cada niño o niña tiene su propio ambiente así que o lo abraza o se escapa de él. Y yo no tenía nada de lo que escapar, fue muy interesante y me lanzó a mi mundo interno, lo que creo que siempre es algo bueno. Así que fui muy autosuficiente y muy solitaria, pero muy feliz. Como siempre lo he sido. Creo que he sido afortunada.

 

Yendo al presente, ¿cuál es el objetivo de la Fundación Mahler, de la cual sos la fundadora y presidenta?

Tenemos el concepto de llevar a Mahler más allá de la sala de concierto, más allá del limitado y privilegiado grupo de gente que tiene la capacidad de pagar una entrada. La idea que queremos alcanzar es llegar a mucha más gente de diferentes continentes, porque la música en sí misma puede llegar a cualquier persona, de cualquier cultura y edad y también puede ser transformadora. Eso es lo mejor que el arte puede hacer. 

Entonces mi pensamiento fue “tenemos que usar esto para llegar a la mayor cantidad de gente posible, pero especialmente a los jóvenes y darles algo para sostener esta vida interna”, ya que todo se mueve tan rápido en estos días, todo es tan superficial, que la gente a menudo no conoce su mundo interno porque no tiene tiempo para explorarlo.

 

¿De qué se trata el proyecto “La Canción de la Tierra”?

Para mi abuelo la naturaleza también fue algo muy importante. Se consideraba a él mismo como al cantante de la naturaleza, y para mí esto es enorme porque vivimos en un tiempo en el que se nos han dado 10 años como máximo para revertir la mala conducta y maltrato que le hemos hecho al planeta por al menos, los últimos 50 años. Y si no lo hacemos, estaremos viviendo en un mundo muy distinto.

Así que pensé que “La canción de la Tierra” (Das Lied von De Erde) de mi abuelo era un buen punto de partida para la gente que ama su música y para tratar de llegar a la gente que no la conoce. Como un grito de batalla.

Es un concepto en curso, no se trata de un único concierto, festival o expresión, sino que se trata de despertar a distintos grupos de personas. Puede ser un director de cine, una orquesta, niños, actores. Puede ser cualquier tipo de medio, arte o ciencia que tome como punto de partida la música, la emoción, para crear algo totalmente nuevo. Esto debiera ser la semilla para muchas invenciones que puedan cambiar la marea, que puedan llegar al público a gran escala para despertarlo.

Así que quisiera llegar a más gente, quisiera llegar a esta pequeña tan extraordinaria que camina entre los niños (N.d.E: se refiere a Greta Thunberg) y ha estado hablando en todos lados, aunque ahora nadie pareciera querer escuchar porque están todos pendientes del Covid. El Covid es una consecuencia del tratamiento que le hemos estado dando al planeta.

Quiero usar esta gran y profunda emoción que tiene la música de mi abuelo para mover a la gente a la acción de todo tipo. Algunas para ellos mismos, para que se despierten. Es una maravillosa fuerza motriz.

 

¿Cuál creés que será el papel del arte en este contexto tan complejo?

Creo que tiene un inmenso papel que cumplir. Ahora me estoy comunicando con otros institutos de arte, fundaciones y artistas en general; estamos hablando sobre cómo conectarnos porque es muy importante, ya que la fuerza está en el número. 

Si la extrema derecha puede ir a las redes sociales y conseguir la cantidad de gente y dinero para molestar a la sociedad de la manera en que lo están haciendo a nivel mundial entonces, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros por algo positivo? Podemos y debemos.

¿Qué nos podés contar acerca de la Competición Mahler de Dirección Orquestal?

Es algo maravilloso, comencé con Ernest Fleihman en Bamberg Muller en el año 2014 y el primer ganador fue Gustavo Dudamel, quien es una persona adorable y un gran artista, y desde entonces nunca hemos parado. 

Usualmente invitamos entre 12 y 14 jóvenes, luego de escuchar a unos 200 aplicantes. Incluso a aquellos que quedan afuera de las distintas etapas los invitamos a quedarse. Porque la gente hace amigos, conoce a personas del ambiente musical y aprenden unos de otros. Luego tenemos 3 premios, pero lo más importante es que nos mantenemos en contacto.

¿Qué significa tu frase “un concurso puede transformar la vida, incluso para las personas que no ganan el primer premio”? 

Es muy sabido que a veces las personas equivocadas ganan el primer premio, pero seguimos la trayectoria de todos los que están ahí y nos mantenemos en contacto. He tenido contacto con personas que ganaron el primer, segundo o tercer premio, y significó mucho para ellos el haber estado ahí porque es un proceso de aprendizaje también. Son capaces, y no es fácil para un joven director, de dirigir a una orquesta magnífica. Así que el simple hecho de estar ahí y tener ese tiempo de ensayo y la devolución de la orquesta y de los miembros del jurado, a quienes nos importa mucho los jóvenes, es una lección en sí misma.

 

¿Qué crees que necesitan los artistas jóvenes para hacer carrera en este mundo tan competitivo?

Necesitan mucho amor, necesitan una gran cantidad de energía interior y pienso que no deben adentrarse en ello con el propósito de ser un éxito. Deben hacerlo con la intención de ser él, ella o ellos, lo mejor que puedan en sí mismos y en sí mismas, y el resto viene después. 

Pero es difícil y tienes que realmente amar lo que estás haciendo. Sé que ahora especialmente los músicos -y gente en todas las artes- están sin trabajo, así que es realmente duro. 

Los gobiernos deberían comprender mejor la importancia de la cultura. Y la cultura de ahora, de los artistas que están vivos es a lo que deberían darle mucha más sustancia, porque esta es la gente que será importante más adelante. Ellos traen esperanza, traen belleza, y la cultura de un país es su verdadera historia, no las guerras. La mejor parte de la gente es su cultura y su arte. Así que pienso que deben ser sostenidos. Cada gobierno debería volver a pensar, durante este tiempo tan duro, dar más plata a todas las artes y a cada uno de los artistas. Esto es muy importante para el futuro de un país.

¿Qué se puede hacer para convencer a gobiernos y empresarios de la importancia de apoyar las artes?

Creo que primero tenemos que atraerlos y seducirlos con la belleza y el impacto de lo que están escuchando. No hay fronteras. Necesitamos crear más contactos y llegar a más gente, como una telaraña. 

Ahora nuestra principal forma de comunicarnos es internet y creo que debemos encontrar nuevas maneras para crear un impacto y alcanzar a más gente. Pienso todos los días acerca de esto y hablo con mucha gente acerca de cómo podemos llegar más allá de nuestro propio grupo de personas. Porque no es suficiente hablar con la gente que ya está convencida. Necesitas ir más allá de tu red de seguridad y eso es lo más importante ahora, cómo llegar más allá.

 

¿Cómo describirías la música de Mahler para alguien que no la conoce? 

¡Un terremoto! (risas). Porque te pega, podes escucharla, y podes no conocer a Mozart o Beethoven, pero de repente esta música te llega y sientes el corazón desgarrado por ese inmenso sonido que realmente te conmueve. A veces esto cambia una vida, y eso es lo que pienso del gran arte en general: puede cambiar vidas. Puede cambiar los sentimientos de la gente. Las cosas inspiradoras te cambian, y para eso estamos en la tierra: para cambiar. Para alterar, para abrirnos, para pasar a otro nivel. Ese es nuestro significado en la tierra.

Tu abuelo dijo que una sinfonía debe ser como el mundo, ¿cómo crees que sería una sinfonía si la escribiera ahora, en este mundo?

¡Podría ser increíble! El mundo en cualquier momento, no importa cuánta confusión haya, es extraordinario. Una tormenta con sus truenos y rayos, los árboles, el viento, el mar. Es salvaje, o es suave y gentil. Es todo. El mundo puede aun ser compuesto todo en una sola pieza de música. Siempre estoy buscando a jóvenes compositores que hagan esto. Es posible y pasará.


Esta entrevista fue parte de nuestra revista digital mensual y gratuita:
Música Clásica 3.0. 

Link a la revista: https://musicaclasica.com.ar/revista/mcba-3-0-enero-2021/

 

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