El arte de conmover, entrevista a Diana Damrau

 La soprano alemana, quien de niña quedó deslumbrada luego de ver una versión de “La Traviata” en la televisión, resulta tan efusiva, simpática y alegre como cuando se encuentra arriba del escenario.

Repasando aspectos de su vida y su carrera, la charla transcurrirá amena y distendida a pesar de correr contra reloj para tomar el vuelo que la llevará un nuevo destino en su ajetreada agenda.

 

 Por Maxi Luna para nuestra revista impresa MusicaClasicaBA Nº6.

 

Te gusta bailar mucho arriba del escenario ¿verdad?

Soy una persona a la que le gusta mucho expresarse a través del movimiento, cuando estás en el escenario te desenvolvés con tu cuerpo y eso es muy importante si interpretás a una mujer anciana o a una joven, o si interpretás a alguien con pena o dolor, verás esto reflejado en el cuerpo, en la fuerza y también en la energía y postura. 

Cuando era chica mis padres me preguntaron: ¿Qué preferís hacer? ¿Ballet o alguna otra cosa? Y les dije montar a caballo. Porque además de la música y el movimiento necesito la naturaleza y a mi familia antes que nada. Pero creo que todo viene junto, de pequeña solía copiar las coreografías de las películas de baile y ese ejercicio ayuda mucho a conocer tu cuerpo y controlarlo.

Dinorah, por ejemplo, es una bailarina que danza con su sombra. Es un diálogo, un baile, pero también le canta a su sombra y ella le contesta. Es una pena no poder hacer esto con un verdadera sombra porque los espacios son limitados, pero tiene que haber un poco de movimiento.

 

Leí que sabés bailar flamenco…

Si, sólo un poquito. Puedo bailar un poco de sevillanas pero siempre me olvido y cada año empiezo de nuevo…(risas).

Amo Andalucía, por los caballos, lo hermoso de la región, la arquitectura, el flamenco, la fuerza de las mujeres que están muy orgullosas de serlo y no tienen que esconderlo y por lo terrenal. Adoro todo eso. Y además, todos los niños bailan en España. Cuando hicimos la producción de “Barbiere di Siviglia” en el Metropolitan de Nueva York en el 2006 lo primero que hice fue buscar una profesora de flamenco y puse algunos elementos del baile…cuando va a ver a Bartolo, lo hace de manera muy orgullosa pero bailando. 

 

¿Y el tango? 

No, nunca. Me encantaría pero me parece muy difícil… aunque el hombre hace todo el trabajo. Pero es complicado encontrar en Europa un buen compañero de Tango. No tenemos tanto la cultura de bailar, se ha perdido un poco, pero creo que en otros lugares sí la encuentras en la sangre de la gente. No está mal que un hombre baile, me sorprendí cuando fui a una discoteca en España y bailaban rock, pero de pronto comenzó una sevillana y todos iniciaron a bailar como si fuera una coreografía. Ésto no lo tenemos en Alemania. No estamos en comunicación con el baile, no estamos entrenados para eso.

 

¿Por qué te tomó tanto tiempo venir a Buenos Aires?

No lo sé. El destino, el calendario lleno. Nunca había venido a Sudamérica… En realidad tuve un concierto hace casi 15 años en Bogotá, pero eso fue todo.

Diana Damrau, junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Mario Perusso, Teatro Colón, 2017

Diana Damrau, junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Mario Perusso, Teatro Colón, 2017

¿Qué sensaciones te quedaron después del concierto? ¿Te sorprendió la reacción de la gente?

Fue increíble, me dejó sin aliento. Creo que para todo cantante es un sueño cantar en el Teatro Colón. Es un lugar tan famoso y con una gran historia de ópera, con tantos intérpretes reconocidos. Solía ser uno de los sitios más importantes del planeta donde uno siempre había escuchado acerca de su famosa acústica, el agua, la madera… Y especialmente en el ensayo pude sentir ese vibrante y refrescante sonido que se desenvolvía por la sala.

Fue maravilloso, un sueño hecho realidad. Como cantar en la Scala de Milán, por la historia y por lo místico del lugar. Y la bienvenida fue como un aplauso de despedida pero al comienzo. Maravilloso.

 

El público esperaba verte desde hacía mucho tiempo…

Sí, me sorprendió mucho porque es el Teatro Colón y hay que ganárselo. Me asombró que había una gran cantidad de gente joven. Uno de ellos vino a que le firmara un autógrafo luego del concierto y me dijo: “Hace 15 años te escuché cantar y a partir de ahí cambié mi profesión, soy cantante ahora…”.  Cambió su vida, quizás no por mí, por la obra, pero fue extraordinario.

 

Me imagino que muchos de esos jóvenes eran estudiantes que querían verte en vivo

No se puede superar a una representación en vivo. Las grabaciones son fantásticas e importantes porque a través de ellas llevamos el arte a todo el mundo, pero ver música en vivo y experimentar la voz, la orquesta, la verdadera naturaleza del sonido en la sala y también el movimiento y la energía, es otra cosa. Podés concentrar a la audiencia o divertirte con ellos, es una interacción. En los conciertos es genial porque se rompe la cuarta pared de la ópera.

 

Realizás óperas, galas sinfónicas, música de cámara, grabaciones. ¿Qué es lo que más disfrutás y en lo que te sentís más cómoda? 

Me gustan todas realmente. Pero lo que más me gusta es cantar en iglesias. Un oratorio, por ejemplo. Salirme de mi misma y elevarme a otro nivel, ser agradecida y dejar que nuestras almas sean conmovidas.

Lo que me gusta de la música de cámara, especialmente en los lieder, es que podés hacer un montón de cosas: tengo un programa a dúo con clarinete; otro con arpa. Siempre estoy probando y buscando cosas nuevas, me encantaría cantar con flauta. Un pequeño grupo con acompañamiento de piano es lindo porque hay interacción y en la canción sos muy libre de crear un programa. Si te querés quedar solo en el Barroco podés hacerlo, o concentrarte en el repertorio Romántico alemán, o hacer una mezcla incluyendo melodías rusas, o Strauss y Debussy. Podés poner un montón de colores, lenguajes y estilos: eso es lo que me gusta. 

En Alemania, hacemos Brahms, Schubert, Schumann, quizás un poquito de Strauss, pero eso es todo. Y hay tanto más. Cada país tiene tanta música fantástica, así que me gusta poner todas las cosas juntas. Hay posibilidades ilimitadas.

Podés poner un montón de colores, lenguajes y estilos en un programa… Cada país tiene tanta música fantástica, así que me gusta poner todas las cosas juntas. Hay posibilidades ilimitadas.

¿Cómo pensaste tu programa para el Teatro Colón?

En este programa, al ser la primera vez en Sudamérica, queríamos mostrar muchos colores. Quería cantar algún repertorio de coloratura como Dinorah, que está conectado con el CD de Meyerbeer que grabé y que salió recientemente, pero también queríamos tener piezas conocidas como el “Barbieri” que es fantástica y algunas cosas anteriores para luego seguir hacia el repertorio Romántico y dramático. Pero también agregamos piezas graciosas.  Por último, con mi esposo (el barítono Nicolás Testé) queríamos incluir algún dúo y el único de amor que conocemos para barítono y soprano es el de “Porgy and Bess” que tiene un final hermoso y le da otro color al espectáculo. Se convierte más en un recital que en una gala de ópera seria en la que te quedás solo con Verdi o el repertorio italiano o francés. 

 

Tenés que cambiar de personaje y de psiquis en cada pieza, pasar de uno dramático a uno divertido ¿te resulta difícil?

No, me encanta. Está ahí, la pieza está estudiada, está en el cuerpo. Es un click y ya estoy en otro personaje. Incluso antes de empezar te preparás y pensás en la situación del personaje. Es difícil cantar el aria de la poción (Romeo y Julieta), tenés que sentir la tensión de Julieta. Ella está muy angustiada pero está luchando por su amor cuando saca el veneno para parecer muerta ante su familia y Romeo no lo sabe. Antes de que la música empiece ya lo sentís en tu cuerpo y ahí está. Son como pequeñas escenas. La gente también entiende de donde viene. Es un concierto. No tenemos los vestuarios, la historia, la escenografía, pero sin embargo hay que contar el personaje y la trama y en ese momento sucede. Tiene que estar en mí todo lo que pasó antes en la historia.

En cada salto a otro personaje trato de adaptar mi vestuario para cada uno porque no puedo estar sexy para Julieta: debo mostrar la seriedad y la muerte que vendrá, por eso uso todo negro. Es divertido, me gusta.

 

Comenzaste en la música después de ver un film de “La Traviata” ¿Qué fue lo que te atrajo? ¿La música, la historia, los vestuarios?

Todo. Tener la obra de arte completa o la combinación de todas las artes, que es la ópera. Yo tenía 12 años. Para todos la ópera es artificial, ves a la gorda cantando y transpirando y haciendo caras graciosas -y por supuesto no podés cantar con una cara natural como cuando estás hablando-. Pero luego ví a Teresa Stratas como Violeta y dije “¡Oh mi dios! ¿Qué es esto, qué está haciendo, qué está pasando?”. Me surgieron tantas preguntas y era solo el comienzo. Escuché la hermosa música, y aún ahora me dan escalofríos de pensar en esto. Fui atrapada completamente por la historia, luego entró el coro, el ballet y los hermosos vestuarios y cuando empezaron a cantar supe que era una ópera y quedé pegada a la televisión hasta que terminó. 

Durante el segundo acto lloré y pensé que era lo más hermoso que la gente podía crear. Es la verdadera voz humana, sin micrófonos, ni ayuda artificial. Es lo que podés hacer con tu cuerpo. Y luego la gran y hermosa orquesta, con colores asombrosos, los coros, la historia que no es superficial, es realmente profunda, conmovedora, dramática y sincera acerca de la raza humana. Es todo acerca de nosotros y creo que la ópera nunca pasará de moda porque es acerca de los sentimientos humanos y están en todo el planeta, con cada tipo de cultura. Todos sentimos lo mismo y a todos nos golpea de la misma manera, lo queramos o no, pero lo hará. Se nos mueve algo dentro, como me ocurrió a mí. Le recé a Dios que me diera algún talento para aprender cómo hacerlo y le rogué a mis padres que me llevaran a aprender a cantar música clásica. Y estaban bastante asombrados.

Es la verdadera voz humana, sin micrófonos, ni ayuda artificial. Es lo que podés hacer con tu cuerpo.

 

Sin embargo no comenzaste enseguida…

Empecé cuando tenía 15 años, pero antes tomé clases de piano desde los 9. Quería tener un maestro de verdad, ya podía leer música, pero iba muy lento y  mi profesor de música de la escuela me dijo que su mujer había sido una soprano famosa en Rumania (Carmen Hanganu) -habían huido luego de una gira de conciertos y se asentaron en Alemania-. Él era violinista en una orquesta importante y terminó siendo profesor de música en una secundaria en un pequeño pueblito de 20 mil habitantes y ella le enseñaba a tocar el piano a los niños pequeños. Yo pensaba que quizás podía tomar clases con ella más adelante, así que empecé a estudiar piano primero pensando en que luego me tomaría como alumna de canto. Cosa que finalmente pasó.

 

¿Te acordás que sentiste la primera vez que subiste a un escenario?

Estaba muerta de miedo. Temblaba, transpiraba, no podía respirar correctamente, estaba muy excitada y me quedaba sin aliento y para cantar se necesita mucho aire, control y calma. Y eso es lo que no tenés cuando cantas por primera vez frente a una audiencia.

Tratás de concentrarte y pensar: “tengo que cantar”. Pensás en la técnica y luego cantás y te sentís como un robot. La primera vez que participé de una muestra de alumnos, con 15 años, canté Mozart y Schubert y no sentía nada. Ni siquiera sé si canté las palabras adecuadas. Fue terrible.

Así que es un largo camino hasta que realmente llegás a conocerte y establecer tu técnica para poder desempeñarte de manera libre con tu cuerpo y tu voz y lograr pensar de manera anticipada. Es casi ser como ser el psiquiatra de uno mismo. Cuando llegan las notas altas no tenés que pensar que es difícil sino que es “interesante”; no es alto, es “bajo”; no es fuerte, solo es “voluminoso”; y pensás “Ahí viene y no va funcionar” y claramente no funciona pensando así. Te decís “podemos hacerlo, relajate y  solo vuela y vuela”, pero realmente por dentro estás muriendo, es como Jekyll y Hyde.

 

¿Y cómo lo manejas ahora?

Hay un nervio positivo y otro negativo. El negativo es cuando sentís que no estás bien preparada, cuando tenés otras preocupaciones o estás deprimida, entonces es difícil concentrarte. Podés ponerte muy nerviosa y pensar que no vas a lograrlo. O cuando estás enferma y el foco va a otro lado. Pero igual conseguís interpretar, transportar y ser el personaje. Muy poca gente, la que te conoce desde hace mucho tiempo, puede pensar “hoy no es su día, no está mal pero puede hacerlo mejor”. Sin embargo te diría que la gran mayoría de la audiencia no se da cuenta.

 

No podés mostrar lo que te está pasando…

No, claro. Todo está pasando dentro mío y es mí trabajo transformarme y hacerlo parecer lo más fácil y natural posible, lo cual es lo más difícil. Pero cuando funciona es fantástico. Por ejemplo ayer (por su concierto en el Colón) estaba positiva y excitada de ver cómo iba a resultar y luego la bienvenida fue tan maravillosa que al momento del primer Aria empecé como si nada, como si hubiera estado ahí por horas y todo nervio desapareció. Te decís “Divirtámonos, ellos me hablan a mí y yo les hablo a ellos, tendremos una noche fantástica”.

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Y todos la tuvimos… ¿Cuál es tu rol de ópera favorito y qué rol que no has cantado aún te gustaría cantar?

Mi favorito es Traviata, es como empezó todo. Para mí es el personaje y la situación más compleja, es acerca del verdadero gran amor. Es el papel para soprano más asombroso, pero hay tantos otros.

Disfruto todos los roles que hago. Me sorprendí interpretando a Juliette en Nueva York por primera vez. La ópera la había visto un par de veces pero nunca me había atrapado realmente. Tuve mucha suerte de tener a Vittorio Grigolo porque funcionamos muy bien en el escenario, él era el verdadero Romeo. Y experimenté más el personaje de Julieta. Ella es más madura que él, como le habla y todo lo que hace es asombroso. Es pura y amorosa pero fuerte al luchar por su amor. La ópera es también acerca de la historia de las mujeres y el feminismo y esta pequeña niña está tan determinada, es como purificar el alma. A mi misma me hizo darme cuenta de lo maravilloso que es tener una familia, tener una pareja y niños, del gran regalo que es. Me sentí abrumada haciendo Julieta y ahora es también uno de mis personajes favoritos.

Pero hay muchos…hice Meyerbeer. Es muy difícil porque sus obras son complicadas de llevar a escena por su enormidad. Además tienen roles muy difíciles y solo para especialistas: sopranos de coloratura, bajos profundos y tenores dramáticos. Su estilo es como Bel Canto francés, tenés que poder hacer de todo con tu voz ir abajo, alto, tener coloratura, el virtuosismo junto a las grandes líneas líricas. Tenés que tener tu instrumento en perfecto estado para poder cantar.

Está muy bien con los roles de Bel Canto que ahora voy a continuar haciendo, como Maria Stuarda, y quizás pueda cantar la bruja de Hansel y Gretel de Engelbert Humperdinck antes de retirarme. Este será mi último rol, pero también Strauss, Wagner. Pero quiero mantener la coloratura y las notas altas el mayor tiempo que sea posible. Nunca se sabe lo que el cuerpo hará, así que me tengo que adaptar.

 

Mencionaste a la familia… ¿Qué le da la familia a la música y viceversa?

Es un balance maravilloso. Nuestra profesión es difícil, porque aunque te establezcas en un lugar, los tiempos de trabajo son diferentes a los de una persona normal. Tenemos algunas horas libres durante el día pero actuamos de noche y a veces los ensayos también son de noche, así que es difícil encontrar un compañero que lo entienda; de hecho un compañero al que puedas ver, sobre todo cuando viajás.

La profesión te consume tanto que siempre estás preocupada porque cada vez que actúas es como las olimpíadas: todos vienen a verte en tu mejor forma y esperan lo mejor y eso es lo que tratamos de hacer, dar lo mejor que podemos en ese momento.

Es muy difícil si tenés un compañero que te dice “salgamos hay una cena”, y a uno le encantaría pero no puede. Aunque también podés entrar en un mal camino cuando sólo te preocupás por vos misma al punto de olvidarte de todo el mundo alrededor y no te comportás como una persona normal. O te obsesionas por el arte y todo gira en torno a eso y no estás abierta para la vida. Pero luego lo que hacemos habla de la vida ¿pero cómo podés hacerlo si no vivís? Es por eso que, a veces, tenemos divas y divos que se piensan demasiado de sí mismos…

 

¿Qué opinas de todo eso? Todo el mundo dice que sos una diva pero que no actúas como una…

Es que no es acerca de mí, es acerca de lo que pasa en el escenario y lo que estoy interpretando. No es Diana haciendo esto o lo otro. Yo siempre trato, también en los conciertos, de ser realmente el personaje. Y ahí sos capaz de decir “esto es mucho más interesante porque puedo ser seria, trágica, feliz, divertida, puedo cambiar”. Si en cambio estás pensando en vos misma nadie se va conmover. Lo podés escuchar en la voz, es pura egolatría. Así que pienso en contar historias y en conmover a la gente de la manera en que yo fui conmovida por esta belleza. Si querés lucirte, entonces hacé solo piezas de virtuosismo, o Tosca en su gran Aria, el cual me encantaría poder interpretar algún día aunque sea en una pequeña habitación (risas). Pero está vivo, es amor y sentimientos y no vanidad. Yo soy así. 

Pienso en contar historias y en conmover a la gente de la manera en la que yo fui conmovida por esta belleza.

 

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Cuando salgo de la ópera es tiempo de ser mamá, de estar en familia. Trato de llevar a mis hijos a todos los lugares a los que vamos, por eso hacemos escuela en el hogar. Más adelante, cuando se ponga más complicado, nos asentaremos en un lugar y que tengan sus cosas ahí. Pero convertirse en mamá o finalmente estar en pareja con un compañero maravilloso, me da un balance increíble y me mantiene en foco para realizar otras cosas.

También me hace dar cuenta de que lo que hago es cantar, bailar, hacer música, entretener. Lo importante, lo que nuestro mundo necesita, es música y belleza y especialmente en nuestros días. Y nosotros estamos a cargo de nutrir el alma, hacia donde sea que miremos es todo rápido y loco.

Por eso lo que intentamos a través de la música es que la gente se conecte con ellos mismos de manera subconsciente, porque cuando escuchás una pieza de música, aunque no sea realmente triste, podes empezar a llorar y te preguntas ¿Por qué lloro? Realmente te ayuda a desconectarte del mundo y conectarte contigo mismo por lo menos por un rato; y quizás te haga pensar y puedas resolver algún problema, o sentir alegría y brindársela a otros y contagiar a tus amigos. 

Es también acerca de la historia, de dónde venimos. Hay tantas cosas en la ópera que te hacen pensar y darte cuenta, que no todo lo que es nuevo es mejor. ¿Cómo podés juzgar las cosas si no conocés el pasado? Así que creo que somos un link maravilloso. La gente necesita a la música. ¿Qué pasa en la guerra? La música permanece, no hay plata pero la música está ahí; no hay salas, pero los cantantes cantarán en las calles o para los soldados, y darán abrigo, ayuda y alegría y belleza.

 

Y vos lo haces…

Lo intento, hago lo mejor que puedo…


Esta nota se escribió para nuestra revista impresa MusicaClasicaBA Nº6 (Junio 2017).

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