«Cuando calienta el sol»: música y músicos en verano

Compositores de vacaciones con fondo de playa

Las vacaciones son ese ansiado momento de descanso que también puede funcionar como oportunidad de inspiración y conexión con uno/a mismo/a.

Por Leila M. Recchi


El arte del descanso es tan importante como el arte de trabajar” decía el escritor John Steinbeck. Y es cierto que, luego de un año de obligaciones laborales y personales, festejamos la llegada de las vacaciones para reponer energías. 

Pero ¿qué hacían algunos de los nombres más importantes de la música occidental? ¿Componían en sus vacaciones? ¿Podían conectarse consigo mismos y con la naturaleza? ¿Descansaban realmente? A continuación, algunas historias y anécdotas para alimentar nuestra curiosidad.

Ludwig van Beethoven (1770-1827)


Beethoven
vacacionó y compuso más de una vez en Teplice (Rep. Checa).

Allí en 1809 se le encargó la musicalización de Egmont, obra de Goethe (1749-1832), a quien conoció en ese mismo balneario en 1812. Durante la temporada se verían casi a diario, realizando caminatas y paseos en bote por el río Bílina, e incluso Beethoven improvisaría al piano para él.

Frédéric Chopin (1810-1849)

Buscando calmar su salud, Chopin parte de vacaciones con su amante, la escritora Aurore Lucile Dupin de Dudevant, a Mallorca (España) en 1839.

Al principio todo resultó bien, pero el clima y la humedad comenzaron a aquejar al compositor, produciéndole estados febriles, tos y constante malestar. Esta experiencia traumática le sirvió, de todas formas, para escribir fragmentos de la Polonesa en Do menor op. 40 y la Mazurca en Mi menor op. 41 nº 2, y a Aurore su obra Hiver à Majorque (Un invierno en Mallorca).

Debussy en la playa
Claude Debussy en las playas de Normandía (Francia)
Felix Mendelssohn (1809-1847)


Mendelssohn viajó a Escocia en 1829.
Al visitar el palacio de Holyrood de Edinburgo, donde vivía la reina María I Estuardo, y su capilla en ruinas, sitio donde se originan numerosas leyendas, quedó tan impactado que escribió:

«Fuimos, en el profundo crepúsculo, al Palacio de Holyrood, donde la Reina María vivió y amó (…). Todo alrededor está roto y enmohecido, y el brillante cielo brilla. Creo que hoy he encontrado en la vieja capilla el comienzo de mi Sinfonía Escocesa«, naciendo así la homónima Sinfonía nº3, Escocesa.

Tardó casi once años en terminarla, y presentó numerosas referencias a la historia de las islas británicas.

El lago de Puccini

Los compositores italianos también encontraban las vacaciones propicias para componer, tal fue el caso de Giuseppe Verdi (1813-1901) con la Misa de Requiem (dedicada a Alessandro Manzoni y Gioachino Rossini) durante su descanso parisino de 1873, y de Giacomo Puccini (1858-1924) en 1891 componiendo la ópera Manon Lescaut en una villa junto al Lago Massaciuccoli (Italia).

Gustav Mahler construyó una pequeña morada en Maiernigg (Austria) donde solía componer durante sus vacaciones.
Gustav Mahler (1860-1911)


Mahler
acostumbraba a componer durante sus vacaciones de verano en una pequeña morada que construyó en Maiernigg cerca del lago Wörthersee (Austria). Ejemplos de ello son sus Sinfonías Nro. 5 en do menor sostenido (compuesta en 1902), 6 en la menor (1903), y 8 en Mi bemol Mayor (1906).

Músicas viajeras


Otro ejemplo de visitas creativas fue la venezolana de residencia estadounidense
María Teresa Carreño (1853-1917), quien viajó a lo largo de toda su vida por motivos políticos y laborales además de vacacionales, trabajando en obras célebres como el Himno a Bolívar y el homenaje a su hija Kleiner Waltz – Mi Teresita.

Algo similar ocurrió con una de sus sucesoras musicales y autora de una de las primeras sinfonías celebradas a una mujer (Sinfonía Gaélica o en mi menor, Op. 32), Amy Beach (1867-1944), que compuso sus primeros valses en unas vacaciones familiares cuando tenía ¡cuatro años!

Arnold Schoenberg junto al también compositor Winfried Zillig.
Claude Debussy (1862-1918)

No es sorpresa tampoco que, como fiel impresionista, Debussy se sintiera atraído por la naturaleza y que esto inspirara su repertorio.

Asiduo visitante de la zona costera del Canal de la Mancha, durante unas vacaciones en 1905 en Eastbourne (del lado inglés) completó La mer, trois esquisses symphoniques pour orchestre (El mar, tres bocetos sinfónicos para orquesta).

Arnold Schöenberg (1874-1951)


El padre del dodecafonismo
Arnold Schöenberg también disfrutaba de vacacionar tanto en la playa como en el centro turístico montañoso de Semmering (Austria). En éste último compuso en 1899 Verklärte Nacht (Noche Transfigurada), Op. 4 para Sexteto de Cuerdas, inspirada en un poema de Richard Dehmel.

Benjamin Britten en la costa de Suffolk, Inglaterra.
Benjamin Britten (1913-1976)


Por su parte,
Benjamin Britten aprovechaba musicalmente sus viajes y estadías playeras.

Esto ocurrió con la ópera Peter Grimes (1945), basada en el poema The Borough de George Crabbe, que él y su pareja (el tenor Peter Pears) leyeron durante su visita a California, y le recordó a su juventud en las costas de Suffolk.

También retrata esos años en Holiday Diary (Diario de Vacaciones), Op 5. Para Piano (1935), dedicada a su maestro Arthur Benjamin, y que evoca jornadas junto a las aguas del Mar Norte, ferias, noches tranquilas y chapuzones.

Rodolfo Arizaga (1926-1985)

Más cerca en el mapa, tenemos a Rodolfo Arizaga (1926-1985) viajando por la Costa Atlántica Argentina, Italia, Grecia, España y sobre todo, Francia, donde se topó con la música vanguardista del momento, y terminó instalándose luego para estudiar con Nadia Boulanger y Olivier Messiaen, e inspirando sus composiciones futuras.

Rodolfo Arizaga durante unas vacaciones en Mar del Plata en 1949.

En el caso de músicos y músicas, tiende a veces a pensarse que el descanso y el ocio son un pedido caprichoso. Pero como vimos, no solo es un derecho, sino también un necesario combustible creativo.

Esta nota forma parte de la revista Música Clásica 3.0 #31 – Enero/ Febrero 2022.

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