Balada para un sueño cumplido

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“Piazzolla. Los años del tiburón” es un film de Daniel Rosenlfed que cuenta mucho más que la historia de vida del músico marplatense. El sinfín de emociones fusionadas con el enorme y particular manejo del lenguaje cinematográfico que este director tiene en su haber, tal cual quedó en evidencia ya en la exitosa “Cornelia frente al espejo”, hacen de esta obra de arte un compendio de sensaciones que deja al público con la onírica vibración como de quien sale de un sueño profundo o, tal vez, de la mismísima pantalla. Es una película que atraviesa al espectador, y lo vuelve inevitablemente parte de ella. Aquí, el renombrado cineasta, nos lleva un rato por la fibra más íntima de esta creación que lo sigue llevando del mundo de la niñez  a todo el planeta. 

Entrevista a Daniel Rosenlfed

Por Natalia Cardillo. 

¿Por qué Piazzolla?

Hay mucho sobre Piazzolla dando vueltas. A quien le gusta, casi lo más importante que debería hacer es escuchar su música. También hay libros excelentes, hay entrevistas en internet, hay materiales. Hay de todo. El asunto en todo caso por el cual me decidí a hacer la película tiene que ver con encontrar un lado de la intimidad, de la creación; y fue a través de un montón de archivos inéditos de los audios con su hija y los Superocho que empezamos a vislumbrar en el foco de la película.

¿Por qué considerás que hasta ahora  no se haya hecho un documental sobre este compositor en Argentina? Tal cual el mismo Astor declara en el film…

No es que yo piense que no se hicieron trabajos sobre Astor Piazzolla antes, si no que hay un archivo en la película donde él dice que no se hicieron documentales sobre él. En todo caso lo que muestra ese archivo, que es interesante, está relacionado con algo que me dijo su hijo, Daniel Piazzolla, y es que “la vida de Astor es como para hacer una película y mientras él estaba en vida se lo filmó muy poco en los lugares que a él le gustaban; haciendo las cosas que él disfrutaba, en el mar, componiendo”. Así que fue muy duro encontrar archivos en relación a eso. Igual hubo visionarios que lo pudieron filmar. Me refiero a Mauricio Berú a fines de los cincuenta y los sesenta, a Manuel  Antín, a Feldman (Simón). Todas personas que en diferentes momentos  pudieron tener un registro fílmico de Piazzolla trabajando. Algunos fragmentos de eso están en la película en parte, gracias a la colaboración de los familiares. 

¿Cómo fue la experiencia de navegar en la cabeza y el corazón de Daniel Piazzolla? Se sienten muchos momentos de contenida emoción en la  película. Una perfecta alquimia entre tecnicismos y emociones.

Bueno, Daniel Piazzolla, de ese núcleo familiar, de su hermana, su papá, su mamá, es el único que está vivo. Es el testigo de toda una infancia, una adolescencia, que es importante en la película. Siendo él músico, además un músico que tocó en el octeto de Astor Piazzolla, la suya era una visión muy importante; sobre todo por el tema de las relaciones familiares. El noventa por ciento de la película son archivos, y en el momento que se ve en otras filmaciones a Daniel Piazzola, se lo ve emocionado. Y él mismo lo dice… Puede escuchar la voz de su papá sin problema, pero escuchar la voz de su hermana Diana, que falleció hace tiempo, es muy emocionante para él. Y eso que dice, se ve. Efectivamente él escucha esos cassettes por primera vez y es de una generosidad muy grande que haya podido conectarse con eso. 

En el año 2000 estrenaste “Saluzzi. Ensayo para bandoneón y tres hermanos”. Mismo instrumento. Distintos derroteros. ¿Qué te llevó a volver a filmar sobre la vida de un bandoneonista; es la música una protagonista importante de sus creaciones? 

Sí. No estaba en mis planes una nueva película relacionada con el bandoneón, pero me parece que ambos films tienen que ver con la creatividad, con la fuerza de los vínculos familiares a la hora de crear y con la transmisión de padres a hijos. Y seguramente encontrarme con la posibilidad de estos archivos de Astor Piazzolla hizo que nos decidiéramos a contar esta película. A mí, aunque ya lo sabía, me hizo ver con precisión, con profundidad, la genialidad del arco creativo de Piazzolla. Él fue testigo de un cambio de época, de un cambio de siglo, y eso está en su música también. 

¿Tenés una forma muy personal de filmar; y una vez más se deja ver esto en “Piazzolla. Los años del Tiburón”. Puede que haya cierta empatía entre vos y Astor Piazzolla radicada en buscar y defender ese camino propio?

Yo he tocado piano muchos años, componiendo, improvisando. Estudié con Violeta  Gainza, así que el asunto de la expresión y de la música está en el centro de las cosas y muy relacionadas con el cine; desde el montaje y desde todos los aspectos que tienen que ver con una narración. Incluso la película en la que colaboré y fui productor “La calle de los pianistas” también está relacionada con la música.

¿Tenías pensada la estructura del film o te fuiste dejando sorprender por lo que aparecía?

Con respecto a la estructura, fue muy importante la participación de las personas que colaboraron objetivamente, especialmente Alejandro Carrillo Penovi, montajista de la película. Estuvimos un año trabajando y sabíamos lo que no queríamos hacer, que era algo que se acercara al periodismo o a la información. Lo que queríamos hacer era un film que uno terminara de verlo y tuviera la sensación de que algo de Piazzolla, con esa fuerza, te había pasado por el cuerpo. Y eso se pudo hacer principalmente gracias a haber encontrado los buenos puntos de narración en donde el eje principal fueron esos cassettes de audio, esa charla entre una hija y su papá; y también los Superocho y el hijo de Astor. Así que el corazón de la película es también ese corazón familiar que está tan relacionado con la música también, ¿no?

Este próximo 11 de marzo Mar del Plata, ciudad natal del artista, celebra con un festival de diez días  el aniversario número noventa y ocho de su nacimiento. Allí se emitirá también el film que ya consta con premios en su haber, ¿verdad? ¿Cuál es el recorrido que seguirá haciendo el documental tanto en Argentina como en el mundo? 

Sí. En marzo se va a dar en el Auditorium, en Mar del Plata; dentro de un marco de varias actividades que se van a hacer por su aniversario. La película ganó un premio en Italia. Fue la película de la sección oficial del IDFA, que es un festival de Amsterdam, en un teatro muy lindo, donde tocó un bandoneonista holandés. Y así sigue el derrotero por otros países a estrenar como Canadá, Dinamarca. En Japón está en los cines desde hace ya tress meses. Se va a estrenar también en España, Portugal y en Bulgaria. Ese es el recorrido de film. Y acá en Buenos Aires en cartel, está en el Malba desde hace siete meses y en el Gaumont.  Incluyendo las salas comerciales, el largometraje ya fue visto por veinte mil personas.

¿Qué es lo que más te impactó, y quedó en tu valija de experiencias, todo ese tiempo que llevó dar vida a este documental?

Bueno, hay varias cosas que descubrí ya al terminar el film. Una, es parte de la narración que tiene que ver con la fuerza de la infancia en un artista; en la infancia de Astor y todo ese mundo. Después, fue un hallazgo, gracias a los coleccionistas y amigos de Piazzolla que guardaron tantos archivos durante estos años y que gracias a ellos se pudieron encontrar muchas cosas. Es escuchar una grabación de Astor a los diez años, en los años treinta. Tener ese material, poder filmarlo y que esté en la película me parece que es un milagro, ya que es la única copia que ha resistido tantos años. Pero en todo caso, sobre todo, para mí la música de Piazzolla tenía esa fuerza, esa melancolía unida a Buenos Aires, a Uruguay, a Mar del Plata… Tenía ese mundo para mí; ese mundo visual. Y sin embargo, haciendo la película me di cuenta que el lugar de su corazón musical era Nueva York, justamente porque era el lugar de la niñez y eso también está en la película. La fuerza de la infancia es el gran motor.

 

”Piazzolla, los años del tiburón” se puede ver en todo latam por HBO, si no contás con el canal disponible, podés descargar en tu computadora HBOgo, que otorga una semana de prueba gratis y te permite verla cuando quieras (dentro de esa semana) y luego darte de baja.

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