Ana Sophia Scheller: De cuerpo de baile a solista, de solista a primera bailarina

Entrevista a la bailarina argentina Ana Sophia Scheller

Ana Sophia Scheller es la Primera Bailarina del Ballet Nacional de Ucrania. Charló con nosotras sobre sus inicios en la Escuela Nacional de Danzas, sus profesores y profesoras, su paso por el Instituto Superior del Teatro Colon y su magnífica experiencia en Nueva York.

Gracias a su carrera ha tenido la oportunidad de viajar por el mundo, y confiesa que siempre está abierta a mudarse por la danza.

 

Por Carolina Lázzaro y Luz Lassalle.

 

¿Cuáles fueron tus comienzos con la danza?

Nací en Buenos Aires, en Capital Federal y comencé a hacer danza a los seis años por casualidad. Mi hermano iba a fútbol y mi mamá veía que yo estaba aburrida, y bueno, me anotó en ballet. 

Tenía una muy buena maestra graduada en la Escuela Nacional de Danzas y Nancy Bocca, que en ese momento era la directora de la Escuela Nacional, venía todos los años a calificarnos. En el cuarto año, Nancy le dijo a mi mamá que yo tenía muy buenas condiciones como para hacer de esto una carrera. Yo tenía nueve años. Ella se lo dijo como para que fuera a la escuela Nacional de Danzas, pero mi mamá – que no sabe nada de danzas- dijo: “No. Mejor al Teatro Colón”.

Entonces buscamos una escuela de danzas para prepararme para hacer el ingreso al Colón y tuve la suerte grandísima de tener cerca de casa la escuela de Katty Gallo y Raúl Candal. 

En el Colón, aunque vos tengas nueve o diez años, tenés que estar preparada, porque te van a pedir hacer un paso de Polka y diferentes cosas. Para los varones es más fácil, porque son pocos los que quieren hacer ballet, pero en cambio hay cantidad de chicas que quieren audicionar. Finalmente entré al Teatro Colón y ahí empezó mi carrera.

Te fuiste a Nueva York de muy joven, ¿cuántos años tenías?

Re chiquita, trece años. Fuimos con mi mamá y mi hermanito. Audicioné en la Escuela del American Ballet, que es la escuela oficial del New York City Ballet, y entré. Mi mamá y mi hermano se quedaron conmigo (a pesar de que con mi papá estaban juntos), porque no podía dejarme en un internado. Yo me doy cuenta ahora… un chico de esa edad no está formado, puede desviarse para el lado del alcohol o las drogas. Estuve tres años y medio en la escuela y después pasé al ABT Company, que es la compañía más pequeña del American Ballet Theatre, con bailarines de dieciséis a diecinueve años. Recién ahí se volvió mi mamá a la Argentina. Yo ya tenía dieciséis años. 

Luego entré al New York Ballet, donde hice toda mi carrera. Escalé todos los niveles: de cuerpo de baile a solista y de solista a primera bailarina. Allí estuve trece años.

¿Por qué decidiste irte de tan prestigiosa compañía?

Porque quería hacer otras cosas. Cada compañía tiene un cierto repertorio, que siempre se repite. Para mí desde chica siempre fue un sueño lo que veía en el Teatro Colón, las producciones del ballet clásico: Bella Durmiente, Corsario, Don Quijote, que son obras que amo. En el New York City Ballet hacen muy pocas producciones de ballet clásico. Entonces me fui al San Francisco Ballet. Estuve dos temporadas, pero me di cuenta de que no era para mí y decidí no firmar contrato. 

Mucha gente me decía “¡Cómo no vas a firmar!”. Lo que pasa es que la temporada que tienen es un poco extraña: empiezan con ensayos desde junio, julio, y no hacen funciones hasta diciembre, es todo preparación, ensayos, y yo la verdad no estoy acostumbrada a eso, a mí me gusta estar bailando todo el año. Además, también quería aceptar oportunidades afuera, que me ofrecían para bailar en diferentes países, y eso no lo podía proyectar, por todo el trabajo con la compañía.

Y entonces te fuiste para Ucrania

Sí. Yo había venido a Ucrania en 2018 como bailarina invitada para hacer Lago de los Cisnes, y cuando decidí no firmar contrato con San Francisco Ballet, pregunté si podía venir, y al ser primera bailarina de una de las mejores compañías de Estados Unidos, se dio.

Llegué en septiembre de 2019. Hice funciones, en enero fui a China, a Italia, y tenía más funciones programadas afuera, pero vino la cuarentena, el virus, y todo eso se cayó. Me tocó mucha cuarentena… 

Pero en todo este tiempo que estuve acá puedo decir que tengo una muy buena maestra personal, que es siempre la misma, algo que en Estados Unidos no tenía, porque para diferentes repertorios tenía diferentes profesores. Y la verdad que eso es una ayuda emocional, porque todo esto del arte necesita de un soporte: cuando una se siente mal, cuando hay momentos difíciles (como una lesión, o cosas personales, frustraciones en la danza) tener un buen profesor es como tener un padre.

¿Qué medidas se tomaron ante la pandemia en el Ballet de Ucrania?

Al principio cerraron todo, cancelaron ensayos, funciones. Lo que sí, a los tres meses,  abrieron el teatro para que pudiéramos tomar clases. Y eso fue genial, porque mirando alrededor del mundo, eso no se daba en todos lados. Pero funciones no hubo hasta finales de septiembre. Había clases todos los días, pero al estar cancelado el transporte público, solo íbamos quienes podíamos trasladarnos por nuestros propios medios. Y ahora estamos nuevamente en cuarentena. La compañía está frenada y cancelaron todas las funciones.

¿Cómo considerás que pueden afectar estos dos años de cuarentena al Ballet de Ucrania?

Nos afecta a todos, porque es estar en forma, volver a no estar en forma, hacer una función, después se te cancela. Es un poco frustrante. Es respirar hondo y seguir, pero es difícil. Aunque haya cuarentena hay que moverse para cuando haya que volver, sino te empieza a doler el cuerpo y perdés musculatura.

¿Qué pasa con la gente que está a punto de retirarse?

Hay de todo. Están quienes estaban en el cuerpo de baile a punto de promover a solista y ahora que se cancela todo, no hay nada. O ya te promovieron, pero no has hecho ninguna función. O bailarines que se han retirado sin tener función después de veinte años de carrera. Se fueron sin su última función.

Vemos en tu Instagram que subís tips de entrenamiento para bailarines, ¿eso es algo que surgió ahora?

Fue surgiendo de a poco. Gracias a Dios tengo un departamento bastante amplio y apenas empezó la cuarentena me compré un piso, un linóleo, porque si no me resbalaba y no podía hacer nada. Siempre me gustó hacer entrenamiento de fortalecimiento, abdominales, pilates, pero cuando estoy a full con la danza no lo puedo hacer. Ahora que puedo, los voy subiendo y la gente los comenta. 

También empecé a dar clases privadas y tuve la oportunidad de dar clases magistrales en la escuela nacional de acá y realmente me gustó mucho.

¿Tenés planes de volver a la Argentina?

A mí me encanta la Argentina. Volví en el 2013 para una Gala internacional que se hizo en el Teatro Colón, gracias a la invitación de Lidia Segni que en ese momento era la directora del Ballet, y para mí fue un gran honor. Sólo había bailado como alumna del Instituto (Superior de Arte del Teatro Colón) en producciones como El Corsario o Quijote. Me acuerdo que era chiquita, y tenía miedo de hacer un pas de bourrée dando vueltas en las puntas. Es un escenario gigantesco, con esa cantidad de audiencia, y el público argentino siempre tan lindo. 

Pero nunca he pensado en volver para quedarme. A pesar de que tengo familia allá, voy siempre de vacaciones. A mí me gusta estar viajando. Gracias a mi carrera con la danza he tenido la gran oportunidad de poder viajar por el mundo. Conocer gente, bailarines, artistas. Si yo me tengo que mudar a otro lado por la danza, siempre estoy abierta para eso.

¿Qué de tu carrera atesorás?

Cuando tenía dieciocho años tuve la grandísima oportunidad de bailar con Julio Bocca, en sus funciones de despedida, fueron doce funciones, en Venezuela, Uruguay, Paraguay y España. Después de eso me ascendieron a solista en el New York City Ballet. En ese momento no me daba cuenta de estas cosas, pero mis padres decían “¡Mi hija va a bailar con Julio Bocca!” contándole a todo el mundo. Ese fue un punto grandísimo en mi carrera. 

Antes de que empezara la cuarentena fui a China, y conocí a Aurélie Dupont, la directora de la Ópera de París. Tuve la oportunidad de trabajar en detalle cosas de danza, y me encantó trabajar con alguien que admiro tanto. Después de China fui a Italia, y la conocí en persona a Marianela Núñez.

Tenés una foto con Barýshnikov

¡Ah sí! Eso es en una gala del New York City Ballet, él siempre iba a las galas. En esas épocas venía por las mañanas y tomaba clases con nosotros.

¡Qué bárbaro! Tomar una clase con Barýshnikov…

¡Sí! ¡Es que él sigue bailando hoy en día! No hace ballet clásico, hace moderno y otro tipo de cosas. Yo lo admiro mucho, es un gran artista. Lo fue siempre y lo es. Me encantan las grandes cosas que ha hecho con Ana Laguna, otra grande también… son dos artistas increíbles.

Y vos, ¿te imaginás bailando en un futuro, o no pensás en esas cosas? 

Yo no sé, ponerme una meta final no puedo. En el momento en que yo diga “Mi cuerpo ya no da más”, chau, se terminó. Si vos querés seguir sobrepasando una edad en que ves que tu cuerpo no puede más… Bueno, depende, pero creo que una no se quiere ir del escenario bailando mal, y que la gente te recuerde diciendo “¡Ay, ya no podía más!”

¿Incursionaste alguna vez en otro tipo de danzas?

He tomado algunas clases de jazz… Pero nada seriamente por fuera de la danza clásica. Una vez traté de hacer belly dance, ¡pero yo no puedo mover la panza de esa manera porque no tengo ni panza! (risas).

¿Considerás que Argentina tiene una base para la enseñanza del ballet?

Yo me fui hace mucho tiempo de la Argentina y no sé cómo está hoy la enseñanza de la danza. Pero tuve la oportunidad de vivir una época de grandes profesores: Katty Gallo y Raúl Candal, que también fueron profesores de Herman Cornejo, Érica Cornejo, Marianela Núñez, Luciana Paris, de esa época salieron muy buenos bailarines. Me quedo con mucho de lo que me enseñaron ellos, cómo se trabaja, los detalles, siempre me acuerdo de esas cosas. Tuve muy buena enseñanza de danza clásica. ¡Es tan importante tener buenos profesores desde chiquito! Es importantísimo. Porque si empezás mal, después desarmar todo eso no es tan fácil. Pero si tenés una buena base desde el principio, vas por la ruta correcta.


Esta entrevista se escribió para nuestra revista Música Clásica 3.0 del mes de mayo 2021.

Leelá acá:

https://musicaclasica.com.ar/revista/revista-musica-clasica-buenos-aires-3-0-24-mayo-2021/

 

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