Altura y vuelo francés: Las hermanas Labèque a la altura de Francis Poulenc

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PH: Arnaldo Colombaroli

Las pianistas Katia y Marielle Labèque brindaron una gran interpretación del Concierto para dos pianos en Re menor de Poulenc, obra que sin lugar a dudas, no debe faltar dentro del repertorio para dos pianos y orquesta. 

Por Sabrina Abalo.

Antes de comenzar  el concierto, se anunció  un cambio en la primer obra del programa, en lugar de la Obertura de “La bella Helena” se ejecutó Obertura de “Orfeo en los infiernos” del mismo compositor.

Orfeo en los infiernos pertenece a una ópera bufa en cuatro actos y libreto en francés. Su obertura es absolutamente fuera de serie, escrita por uno de los compositores más destacados dentro de la opereta francesa. Tiene un comienzo festivo, ágil, liviano, pequeñas intervenciones solistas de clarinete y  cello en conversaciones con el oboe. Cuando por momentos pareciera que llega el final, vuelve al ataque la música turbulenta y da espacio al último solo en manos del violín, con la melodía  más lírica de toda la obertura. En la última parte junto con el desarrollo  del famosísimo Can – Can,  la obra da el paso a un final realmente glorioso. Los solos tuvieron un buen rendimiento, mientras que la masa orquestal en general  podría haber obtenido otro resultado de una obra tan iluminada y con tantos momentos para resaltar. 

Las pianistas Katia y Marielle Labèque brindaron una gran interpretación del Concierto para dos pianos en Re menor de Poulenc, obra que sin lugar a dudas, no debe faltar dentro del repertorio para dos pianos y orquesta. En concordancia a como ellas vistieron, con colores opuestos, entre lo claro y lo oscuro, también sonaron así ambos instrumentos sobre todo en el primer movimiento, se mostraron exagerados gestos corporales en finales de frase, actitud que implica un gasto de energía innecesario en manos de Katia en el piano uno, mientras que el compañero se acopló por completo en los dúos con una  perfecta armonía entre sonoridades y matices. De todas maneras fue una performance con grandes momentos de brillantez musical.

La partitura comienza con un tutti orquestal crispado  tiene toques muy relucientes y un desenfadado desarrollo, los momentos apacibles que marcaron  un lento súbito, sonaron muy sutil,  pianissimos muy parejos entre los instrumentos protagónicos, gran entendimiento de uno con el otro. La orquesta por su parte secundó apropiadamente al  inquieto dúo de las hermanas Labèque. Fuera de programa tocaron de Mi madre la Oca : “El jardín encantado” de Maurice Ravel. Los pianos de gran cola, sonaron en perfecta amalgama de sonoridad y de afinación, además de encontrarse en la disposición correcta en el escenario.

Se escuchó en la última parte del programa, en la batuta del director estable Enrique Diemeck Sinfonía fantástica: “Episodio de la vida de un artista en cinco partes”  de Berlioz , es una obra que pertenece al período romántico temprano y que tiene la particularidad de tener cinco en vez de 4 movimientos, lo que era poco común para la época. Música absolutamente descriptiva, donde se escuchó a la orquesta tocar con algunos altibajos más allá de los valorables pedidos del director en determinados momentos , tal vez sobre el final del  cuarto movimiento y todo el quinto lograron encontrar un espíritu más descriptivo como lo pide la partitura.  

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